Las nuevas ruinas del barrio El Saladillo

Todavía no han desaparecido por completo las ruinas que quedaron tras la demolición del barrio El Saladillo en la década de 1970, en el casco central de Maracaibo.

Todavía no han desaparecido por completo las ruinas que quedaron tras la demolición del barrio El Saladillo en la década de 1970, en el casco central de Maracaibo, y un nuevo cúmulo de escombros, basura y hierros retorcidos surgió tras la quema de los edificios del Instituto Regional de Deportes (Irdez), Centro Rafael Urdaneta, Casa del Abuelo, Ministerio de la Vivienda y Habitat y Defensoría del Pueblo, que ya cumplieron el primer año de fea existencia en la zona más emblemática de la ciudad.

Aunque su origen, repudiado y condenable desde todo punto de vista fue producto de las guarimbas que asolaron la zona en 2017, la ciudad reclama que sean retiradas para devolverle el ornato a esta pintoresca zona de la urbe marabina.

“Además de feos, esos edificios quemados dan miedo. No puedes pasar por allí sin que sientas temor a ser atracado o que tu imaginación te lleve a pensar en lo peor”, comentó Francisco Nava, transeúnte de la avenida Padilla, que caminaba a su trabajo frente al edificio del Irdez la mañana de este jueves 20 de septiembre.

“Estamos esperando una solución a ese gran problema que tenemos allí. Esa edificación es guarida de drogadictos, indigentes y hasta de delincuentes que se ocultan allí tras cometer alguna fechoría en los alrededores. Es un buen escondite para ellos pues saben que nadie entrará a esa oscuridad”, denunció Manuel Castillo, habitante del conjunto residencial Torres del Saladillo, ubicado al lado del edificio del Irdez.

A la quema de este edificio se suman otros vestigios de vieja data, en el olvido desde hace más de una década. Se trata de la estructura que sirvió de comedor en los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1998, ubicado en la azotea de lo que se llamó la Casa del Deporte, y que fue desvalijado por completo.

Entre las nuevas ruinas, el más dantesco espectáculo lo ofrece el antiguo edificio del Inavi, hoy Ministerio de la Vivienda y Habitad, que está justo al lado de la plazoleta de la Basílica Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Sus alrededores y el interior están saturado de olores nauseabundos de excremento y orine y cada planta, de las cuatro que lo conforman, parece una zona de guerra donde los hierros retorcidos que dejó el fuego, vidrios rotos y concreto de las paredes quemadas, en pie y derrumbadas, conforman un escenario de terror.

El año pasado para Bajada, Feria y Aurora de la Virgen este gigantesco cuadro de guerra, a la vista de todos, fue como la mancha que tiñó de negro el bonito escenario en la plazoleta.

“Ya tenemos más de un año viendo ese desastre allí y creo que lo volveremos a tener en esta feria. De verdad que se ve muy fea esa quemazón frente a la Basílica. Deberían hacer todo lo posible para limpiar eso”, declaró Sofía Fuentes tras salir del templo.

“Nos llamó la atención esta parte de la plaza y nos acercamos a ver qué había pasado, porqué se ve muy fea esa estructura quemada al lado de la iglesia tan bonita. Nos enteramos hace poco que le prendieron fuego el año pasado. Es triste porque le resta belleza a esta parte tan hermosa de la ciudad”, reveló Luis Balzán, turista del estado Lara que visitó la Basílica con su familia.

En agosto del año pasado, el entonces secretario de gobierno, Giovanni Villalobos, aseguró que la Guardia Nacional haría una toma permanente de estos edificios para su resguardo, pero no hubo tal y por el contrario, “todos los días salían camiones cargados de chatarra de hierro y aluminio no se sabe a dónde”, aseguró Benito Castillo, buhonero de los alrededores de la plazoleta.

Al respecto Lisandro Cabello, actual secretario de gobierno, dijo que se está ejecutando un trabajo de limpieza de estas estructuras tras una evaluación que se hizo sobre la factibilidad de recuperarlas, que arrojó resultados positivos.

“Hemos sacado 265 camiones de escombros y se ha practicado la limpieza de buena parte de estos edificios porque el objetivo del gobernador, Omar Prieto, es recuperar la zona y resguardarla para hacer de estas estructuras centros académicos como son: La sede de la Universidad Bolivariana de Venezuela y de la Universidad de la Seguridad”, sostuvo.

Añadió que con estos planes se persigue hacer de esta importante zonal del centro un cerco de resguardo de las áreas religiosas, recreativas y culturales más importantes de la ciudad.

“No podemos olvidar –añadió– que esas ruinas existen porque allí hubo un atentado criminal, antidemocrático, no solo contra el Patrimonio de la ciudad, sino incluso contra la vida humana porque allí había personas cuando a esos edificios le prendieron fuegos manos criminales. Fueron millones y millones de bolívares que se perdieron, además de cientos de expedientes de viviendas en el edificio del Ministerio de Vivienda y Habitat, y valiosas reliquias en el Centro Rafael Urdaneta”.

Hoy, a más de un año del nacimiento de estas ruinas, el ambiente no ha cambiado mucho y son toneladas de escombros que todavía quedan por retirar. Los saladilleros vaticinan que la integración de los vestigios del viejo barrio con la nueva escoria luce inminente y, con el paso tiempo, tal vez se vuelva indiferentes a la vista de todos.

Con información de Panorama