Teresa Carreño, “La Leona del Piano”. Parte II – Mario Valdez

 

La vida artística y profesional de Teresa Carreño comenzó el 25 de noviembre de 1862, a la edad de ocho años, cuando ofrece un concierto oficial en la Sala Irving Hall de Nueva York.

Quizás el concierto más publicitado de todos fue la velada en la Casa Blanca en Washington en 1863, por solicitud personal que le hizo el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Abraham Lincoln. El último concierto ofrecido por esta heroína de la música y el piano fue en la Sala Espadero de la Habana, Cuba, en marzo de 1917. Fueron 55 años continuos. Ininterrumpidos donde la pianista deambuló por los países y surcó los mares turbulentos de varios continentes, sobreponiéndose a las adversidades económicas y las sentimentales (recordemos que tuvo cuatro matrimonios). Su carrera profesional estuvo llena de obstáculos, privaciones, y dolores que logró vencerlos y superarlos, de ahí la importancia de esa mujer venezolana, gloria del ayer y de hoy. Los genios son así.

Teresa Carreño llevó una vida dura, desde niña se dedicó al estudio de la música y del piano, con la enseñanza de sus padres.  El sacrificio que tuvo que hacer esta Heroína venezolana para salir adelante,  y triunfar en el mundo, que fue despreciada y mal puesta en su país por una sociedad mezquina y ajena a la realidad, logró superarla. Porque no se amilano, siguió adelante y entró a la historia por la puerta grande, como la mejor Pianista de América y el mundo de los siglos XIX y XX. Su tenacidad y férrea voluntad trazaron su destino musical como pianista, concertista y cantante de ópera. Con valentía y altivez superó las estrecheces económicas, arrancando aplausos y admiración en los Estados Unidos, Europa, Australia y otros países del mundo.

Teresa Carreño pasó treinta años de su carrera en Alemania concretamente en Berlín, donde se impuso su status social y musical, lo que le permitió compartir y disfrutar con la flor y nata de la sociedad de Berlín  y de Europa

Se divorcia, muere su padre y entrega a la hija 

En 1862 Teresita Carreño era una agraciada joven de 19 años, se une en matrimonio con el violinista Emile Sauret, quien resultó ser muy hábil con el instrumento, pero muy irresponsable y débil de carácter. Teresita vivía en Alemania y desde allí se desplazaba por las ciudades a dar los conciertos y giras. El 23 de marzo de 1863, de esa relación matrimonial nace su primera hija Emilia. Los artistas tenían compromisos profesionales que cumplir para pagar sus gastos y dejaban a la bebe al cuidado de la vecina, la señora Bichoff, esto le permitía hacer las giras con su esposo. Teresita queda en estado y pierde su segundo hijo, todas las giras que hizo con el esposo fueron un fracaso, se convenció que no podía seguir con esa relación.  En esos días de angustia y de agonía que vive la artista, fallece su padre don Manuel Antonio Carreño, quien era su sostén y la ayudaba económicamente, entra en una profunda crisis depresiva y económica, no puede cubrir los gastos de ella, ni de la crianza de la pequeña Emilia. Conversa con su “amiga” la alemana Bichoff y le expone el caso, “ésta le propone  adoptar a la niña con la condición de que Teresa no la viese más; la pianista no tuvo otra opción que aceptar la propuesta”.

Siglo XIX, época de oro del piano

Al estudiar la época de oro del piano en el siglo XIX, los historiadores dicen  que los grandes maestros de la música, coinciden en establecer que “la identificación entre compositor y pianista era inquebrantable. No había compositor que no fuese simultáneamente pianista”. Consideraban que para ser un buen pianista, debías ser un buen compositor. La historia como muestra de lo ya señalado, recoge el caso de Giuseppe Verdi (que fue un compositor romántico italiano de ópera del siglo XIX, el más notable e influyente compositor de ópera Italiana y puente entre el belcanto de Rossini, Donizetti y Bellini y la corriente del verismo y Puccini). Guiseppe verdi, no aprobó los exámenes de admisión al Conservatorio de Milán, fue reprobado por su poca ortodoxia técnica pianística. Sin embargo, Teresa Carreño no tuvo ese problema, en eso también fue aventajada desde el inicio en su casa, fue “consistente en el impecable manejo técnico de un instrumento de amplias capacidades expresivas, y el conocimiento de su variado repertorio”.  El caso de Teresa Carreño ha sido digno de estudio, es excepcional, se observa “en su música, un dominio absoluto de su estructura, de la sintaxis, de la fraseología, en fin, de todo aquello que requiere de penosos años de estudio, para poder ser asimilado por los viles mortales que se dedican a este oficio”. Sin embargo, muchos artistas han tenido acceso a un piano y a educación musical desde temprana edad, y jamás han logrado lo que Teresa Carreño logró con creces antes de los cinco años.

Cuatro matrimonios, cinco hijos y el mismo Piano

Se casó en 1873, a la edad de 19 años  con el violinista  Emile Sauret, de esa unión nació Emilita Sauret. Su esposo era una persona irresponsable, de carácter débil y volátil. Teresa Carreño para esa época era una mujer joven, sensual, con glamour y estampa, pero con problemas económicos, para poder hacer las giras artísticas con su esposo, tenía que dejar la Bebe al cuidado de una amiga alemana de apellido Bichoff.

 En 1876, viaja a la ciudad de Boston a presentar un concierto de ópera y conoce al Barítono italiano Giovanni Tagliapietra, integrante de la empresa con la que estaba haciendo la gira artística, se casan ese mismo año, fundan una empresa de conciertos “La Carreño-Donaldi Operatic Gen Compañy, tuvieron tres hijos: Lulú (1878), Teresita (1882) y Giovanni (1885). Alterna la atención a los hijos con las giras artísticas por los Estados Unidos, Europa y Canadá, se divorció en 1991.

En 1892, contrae nupcias con Eugen d’Albert, tienen sus otros dos hijos Eugenia y hertha d’Albert, se divorció en 1895; y en 1902, vuelve a casarse pero con su cuñado Arturo Tagliapietra, no tienen hijos pero fue la relación matrimonial más estable y duradera, se divorcio después de 15 años en 1917. Teresa Carreño tuvo cuatro matrimonios, cambio los hombres y mantuvo el mismo piano.

Juicio por Bigamia. “Familia es familia”

Encontrándose Teresa Carreño casada con Tagliapietra, enfrenta un juicio por Bigamia en una demanda interpuesta por su ex esposo Eugen d‘Albert, comparto con ustedes un comentario de la historiadora Marta Milinowski, quien escribe que a la demanda le siguió un hecho familiar que le dolió mucho, pero tomó la decisión, veamos: “un incidente que tuvo también naturaleza de tragedia, el rompimiento para toda la vida con su hermano Manuel, como consecuencia de lo ocurrido. Por esa época crítica, él rehusó ponerse de parte de su hermana y prefirió repudiarla. ¿Había olvidado Manuel las repetidas veces que ella lo salvó de las consecuencias de sus travesuras vendiendo las pocas joyas que poseía para pagar las deudas contraídas por él”. Cosas de la vida, hay gente que no entiende que la familia es primera, su hermano Manuel prefirió al amigo. Recuerdo a Rubén Blades cuando dice  “Familia es familia”.

Esta Crónica continuara.

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