Pulseo – Andrés Moroti

Nadie en su sano juicio está en contra de conversar, argumentar, dialogar o entenderse
para resolver un conflicto de cualquier índole.

Es un planteamiento razonable y civilizado entre partes en contienda; pero en el caso concreto del país uno de los interlocutores ni es sano ni tiene juicio, al menos en lo que concierne a la posición insostenible de seguir arruinando a la nación, inclusive en lo geográfico, léase Esequibo.

La contraparte tiene otros atributos negativos de debilidad, comodidad y carencia de
sacrificio, por no decir más.

El problema que tenemos los venezolanos, porque es nuestro primordialmente sin duda
alguna aunque se ramifique hacia el resto de América, es que hemos sido escogidos y
premiados para ser el territorio del comunismo trópico-asiático-cirílico que trata de
tomar las riendas del hemisferio para establecer una punta de playa frente a la influencia económica y política de los Estados Unidos en Suramérica. Se recuerda que hace unos días atrás un generalote con la bocota llena de orgullo afirmó que en caso de intervención armada, cosa no prevista en forma tradicional, este país tendría el apoyo de los chinos, rusos y turcos. ¿Qué interés pueden tener esos pueblos tan lejanos en distancia y cultura? ¿Riquezas naturales? ¿Petróleo? ¿Minerales? Puede ser, pero sobre todo política, ideología, penetración religiosa y expansión territorial para sus muchísimos estómagos que alimentar, aun cuando por aquí escasean los productos básicos; pero mucho potencial en tierra y fertilidad. Y mucho patebolismo, desorden y abulia.

Los países que nos van a respaldar contra la cualquier invasión son históricamente
invasores de vieja data. Las invasiones del imperio otomano durante siglos en Europa son bien conocidas. Si no pregunten a los griegos que los tuvieron de huéspedes desde el siglo XV hasta 1821. Los rusos no se quedan atrás en esa materia ya que invadieron a Finlandia, Hungría, Checoslovaquia, Afganistán y Chechenia durante la trayectoria del siglo veinte. Y los chinos, todavía hoy día ocupan el Tíbet con su sistema comunista feroz que ha obligado a miles a emigrar para no sucumbir en el intento libertario. También se metieron con los coreanos y los japoneses en algún momento del devenir de los tiempos.

¿En dónde se han quedado los gringos después que han cometido la torpeza de querer
ayudar?

Los comunistas y los mimetizados como tales son todos de la misma calaña in illo témpore en cualquier lugar del planeta. Son mentirosos y arteros, mañosos y desleales,
manipuladores e hipócritas, escaladores y ladinos, que no paran mientes en destruir todo aquello que les obstaculice sus acciones en pro de alcanzar sus metas de poder y de
subyugación. Ahí está el turco que nos da aliento diciendo que los medios de
comunicación impiden el ejercicio de la democracia. ¿Cuál, la de su país?

Por otro lado está el putín mayor abogando por estos desalmados que desprecian a su
propio pueblo para que se mantengan en donde están. ¿Y para qué será? ¿Cuántas veces

va a decidir el pueblo sobre lo mismo? Con el ministerio electoral actual el resultado
siempre será a favor de esta vaina.

Para no quedarse atrás y no ser menos con la contribución para molestar a Occidente, la
Corte Internacional de Justicia acaba de cuadrarse con Irán que se victimiza ante
sanciones bien merecidas. Claro, el presidente de esa entidad tiene que hacer como las
cabras: jalar pa´l monte.

La praxis es lo que determina el igualitarismo que quieren para todos menos para ellos,
ya que sin importar su procedencia intelectual o ideológica, si es que hay alguna que sea
viable y genere algún bienestar en la humanidad, actúan como las hormigas con hambre o sin ella, y son difíciles de exterminar.

Habría que preguntar al gobierno del Norte si no está acosado por los extremistas internos y externos que sienten sus predios amenazados con orden, legislación y organización que los redireccione hacia una convivencia social realmente más equilibrada y justa donde los derechos humanos y el respeto sea por la libertad y no por el libertinaje; cuando no solo sean protegidos los delincuentes y los oportunistas sino también la sociedad decente que no está organizada en luchas sectorizadas y grupales.

El común denominador es que detestan a los pueblos que entusiasman porque los
pueblos verdaderos no son como ellos.