Aunque renuentes, empresarios brasileños apoyan a Bolsonaro

Los empresarios y mercados financieros de Brasil están dejando a un lado sus reservas sobre Jair Bolsonaro y están aceptando la posibilidad de una victoria electoral del candidato, un capitán del ejército retirado que suele comentar que no sabe nada de economía.

Para muchos brasileños, la candidatura de Bolsonaro de cara a las elecciones del domingo causa inquietud debido a sus comentarios positivos sobre la dictadura y sus expresiones despectivas hacia las mujeres, los negros, los grupos indígenas y los gays. A los empresarios particularmente les inquieta la retórica populista y estatista que ha exhibido en algunas declaraciones y votaciones legislativas.

Pero la comunidad empresarial, aunque con reservas, está aceptando a Bolsonaro en parte debido a su decisión de nombrar a un banquero reconocido como jefe de su equipo económico, y en parte debido al temor de que el país vuelva a las políticas izquierdistas del Partido de los Trabajadores.

El favorito de los mercados, el ex gobernador de Sao Paulo Geraldo Alckmin, prácticamente ha quedado sin posibilidades de ganar a pesar del apoyo de su partido y más tiempo en los medios de comunicación que los otros candidatos.

Bolsonaro encabeza las encuestas entre un conjunto de 13 candidatos, seguido del candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad, con quien posiblemente tendrá que ir a un desempate el 28 de octubre.

“Para los mercados, Bolsonaro no es el candidato perfecto pero representa menos riesgo que Haddad”, dijo Gilberto Braga, profesor de economía de la universidad Ibmec en Río de Janeiro.

Hay quienes incluso dudan que Bolsonaro encarna menos riesgo para la economía, o en general para la sociedad.

Aparte de sus comentarios controversiales, algunas de sus propuestas, como la de reprimir la delincuencia dándole más rienda suelta a las fuerzas de seguridad, está causando angustia en muchas comunidades.

Ha prometido nombrar como ministros a generales, despertando la sombra de un régimen militar de facto. Históricamente, los líderes de ese tipo de regímenes tienden a ampliar el rol del Estado en la economía, no reducirlo.

“La persona que realmente es la que podría más convertir a Brasil en una Venezuela es Bolsonaro”, opinó Monica de Bolle, directora de estudios latinoamericanos de la Universidad Johns Hopkins.

En sus 27 años como legislador, Bolsonaro, quien representa a Río de Janeiro, logró muy poco: Sólo dos propuestas suyas llegaron a convertirse en ley. Además, al parecer votó en contra de privatizaciones y otras políticas económicas que ahora dice apoyar.

Aun así en meses recientes los mercados bursátiles brasileños y el valor de la moneda han subido cada vez que Bolsonaro asciende en las encuestas. Según diversos sondeos, Bolsonaro ha ganado más de 10 puntos desde el 6 de septiembre cuando fue apuñalado en un evento de campaña.

Actualmente tiene 35% de la intención de voto comparado con 22% para Haddad, según el sondeo de Datafolha publicado el jueves. El estudio abarcó a 10.930 personas y tenía un margen de error de 2 puntos porcentuales.

Bolsonaro, quien ha prometido reducir los impuestos y cortar la burocracia, ha recibido el apoyo de varios empresarios y asociaciones industriales.

Una de las cosas que lo ha favorecido es el nombramiento como asesor económico de Paulo Guedes, economista entrenado en la Universidad de Chicago.

Guedes es banquero y accionista de Br Investments, propietaria de varias compañías minoristas. Ha sido partidario de privatizar todas las empresas estatales brasileñas, incluyendo Petrobras.

Pero si bien en algunas ocasiones Bolsonaro ha dejado que Guedes guíe sus propuestas económicas, en otras ocasiones lo ha contradicho lo que ha causado confusión. De hecho, Guedes casi ha desaparecido de la campaña desde que canceló dos eventos el 21 de septiembre.

Pocos días antes, Guedes había sugerido reimponer un impopular impuesto a las transacciones bancarias. Desde su lecho en el hospital, Bolsonaro tuiteó que la campaña descarta aplicar nuevos impuestos.

“Él no tiene experiencia política”, dijo Bolsonaro al diario Folha de S.Paulo, en referencia a Guedes. “Da una conferencia de una hora, dice algo unos segundos y la prensa lo acecha”.

Bolsonaro se ve beneficiado del hecho de que muchos brasileños no quieren otro gobierno del Partido de los Trabajadores, que gobernó entre el 2003 y el 2016. Muchos culpan a ese partido por el mayor escándalo de corrupción en la historia del país, en que muchos políticos y empresarios están acusados por una descomunal red de sobornos.

Muchos economistas opinan también que las políticas de cuantioso gasto público aplico por los gobiernos recientes, como el de la ex presidenta Dilma Rousseff, contribuyeron a la crisis económica del país.

Rousseff, quien sucedió a Luiz Inácio Lula da Silva en el 2011, fue destituida por el Congreso en el 2016 por mala administración del presupuesto. Rousseff negó haber hecho nada ilegal y sostiene que fue víctima de un “golpe”.

Lula, quien está ahora en la cárcel, iba adelante en las encuestas pero se le prohibió postularse debido a su sentencia de 12 años de cárcel por corrupción.

A cada paso, Bolsonaro se ha aprovechado de la turbulencia, proyectándose como el candidato indicado para poner fin a la corrupción.

Por su parte, Haddad ha prometido reducirle los impuestos a los trabajadores que ganen menos de 1.216 dólares al mes y aumentar los impuestos a los ricos a fin de compensar por la pérdida de ingresos. Sin embargo, no ha dejado en claro cómo encarará un déficit que se calcula será de 39.000 millones de dólares en el 2019.

“No importa quién gane, el día después de las elecciones estará lleno de incertidumbre”, dijo Andre Perfeito, economista de la empresa bursátil Spinelli.

Agencias