Teresa Carreño “La inmortal”. Parte III – Mario Valdez

 

El 8 de agosto de 1869, en el Salón del Senado de la República, el  senador y doctor Cecilio Acosta, alude a Teresa Carreño al referirse a ella como “La inmortal”, cuando era apenas una joven de 16 años de edad, pero reconocida pianista y concertista mundial, al colocarla a la misma altura de Andrés Bello, José María Vargas, Francisco de Miranda, Cajigal y el Libertador Simón Bolívar, etc.

En otras palabras, Cecilio Acosta, ubica a Teresa Carreño, dentro del grupo selecto de los sabios y los héroes de la patria. Es así como el distinguido jurista y político se anticipó en 108 años a la ubicación histórica definitiva de la artista, entre los hombres y mujeres ilustres del país”.

Vuelta a la patria, 23 años después 

El presidente de la República de Venezuela, Joaquín Crespo, invita a la pianista Teresa Carreño a Caracas, para que le organizará “La temporada de la ópera”, la pianista regresa a su país el 15 de octubre de 1885, luego de muchos años de estar fuera, vuelve a la Patria, recala por las playas de Puerto Cabello, de ahí sigue al puerto de la Guaira y sube a Caracas. Ya en la ciudad de los techos rojos, de donde había salido siendo una niña a la edad de ocho años (1868), regresa después de una ausencia de veintitrés (23) años un mes y quince días (1885), con treinta y un año de edad, aquí cumplirá –el 22 de diciembre- sus treinta y dos primaveras.   La artista ofrece los dos primeros conciertos, en fechas 27 de octubre y 10 de noviembre respectivamente.

El año 1886, lo inicia con un tercer concierto, que se llamó “De despedida”. Pese a ello, da un cuarto concierto el 24 de enero, a beneficio de los hospitales y dedicado a los ministros de gobierno. Los promotores de Teresa Carreño organizan una gira por el interior del país, extensiva a las islas de Trinidad y Curacao. Cumple con su periplo y se queda en Caracas a la espera del presidente de la República Antonio Guzmán Blanco “El Ilustre Americano”, que había sido elegido para un tercer periodo, esa elección es conocida en la historia como “La Aclamación”.

Se entrevista con el presidente electo y regresa a Nueva York el 18 de noviembre de 1886, según los historiadores estuvo en Venezuela 13 meses y 4 días.

 

 

Teresa Carreño y el presidente Guzmán Blanco

En febrero de 1887, atendiendo un llamado a requerimientos artísticos del presidente de la República Antonio Guzmán Blanco, regresa a Venezuela Teresa Carreño, con la misión organizar nuevamente “La temporada de ópera” en Caracas. La gira fue un gran fracaso porque la compañía de ópera que trajo,  estaba  compuesta por 49 músicos para interpretar una ópera italiana, el director no se presentó, para no suspender el concierto Teresa, asume y debuta como directora, la poca asistencia y la mediocridad de los artistas llevó el evento a un fracaso, a eso se le suma el rechazo del público hacia ella, considerada una mujer liberal y rechazada por la alta alcurnia, la godarría caraqueña (era la oligarquía: la clase gobernante, los empresarios, los hacendados), así pensaba la gente de esa época.

La Primera Dama demanda a Teresa Carreño

La primera dama de la República en nombre del gobierno nacional demanda a Teresa Carreño por incumplimiento de contrato, ya que este habían financiado el evento en 1887, la empresa de ópera de la artista, había incumplido en el pago de los músicos y otros compromisos. Por mandato del Tribunal de Comercio del Distrito Federal, la artista es obligada a permanecer en Caracas. El presidente Antonio Guzmán Blanco, públicamente apoyó a la primera dama. Sin embargo, el 23 de agosto de ese año, es el mismo presidente la República, quien ayuda a su admirada pianista para que solventara la situación económica y cumpliera con los compromisos para poder salir del país, pagó y salió de inmediato vía Nueva York para no volver nunca más.

Ella y el presidente siguieron viéndose en Europa con más frecuencia en Paris, son muchas las cartas dirigidas en ambos efectos con un tono de cordialidad y respeto, entre esas dos grandes figuras venezolanas del siglo XIX. El presidente Guzmán recomendó a la artista y a familiares de ella ante autoridades diplomáticas con misión en Europa y Estados Unidos.

Nadie es profeta en su tierra

En la famosa e internacional artista Teresa Carreño, se cumplió el dicho mundialmente conocido, que reza “Nadie es profeta en su tierra”, después del descalabro en Venezuela, su país de origen, donde fue abucheada, humillada, y demandada ante los tribunales por la primera dama, la esposa del presidente de la República. Solventó los problemas tribunalicios y regresó a Europa y con su familia fijó su residencia en Berlín, donde se desempeño como solista de la Orquesta Filarmónica de esa ciudad. En esta ciudad se divorcia de su segundo marido y vuelva a casarse con el pianista Eugene D Albert, el 27 de julio de 1892. Se divorcia por tercera vez en 1895, para casarse nuevamente por cuarta y última vez en 1901.

Huye de la Primera Guerra Mundial y muere en NY

El año 1917, al estallar la Primera Guerra Mundial, la pianista sale de Alemania en gira por Europa huyéndole a la guerra, va a Cuba y regresa a Estados Unidos, ya su salud estaba menguada, se sentía débil, comienza a hacer crisis, al sufrir “una parálisis parcial del nervio óptico que podía extenderse hasta el cerebro”. La concertista fue atendida y recibió los cuidados de los mejores médicos de ese país del norte, donde falleció el 12 de junio de ese año, sus últimos deseos “fue que sus restos fueran sepultados en esa ciudad que la vio crecer”, que la asumió como suya y se deleito con su melodía, la ópera y sus conciertos.

Si revisamos la trayectoria de sus 63 años de vida, es probable que su enfermedad haya sido  producto del agotamiento generalizado que vivió, tomando en consideración el trabajo excesivo y prolongado, viajes en barco por todos los continentes, ya que prácticamente desde que nació comenzó a trabajar (dando conciertos y presentaciones), no tuvo la infancia de una niña de su edad (no jugó con muñequitas de trapo, no fue una colegiala igual que las otras niñas, etc.), porque a los cinco años ya era “un monstruo” del piano y antes de los diez años de edad, había triunfado en Nueva York y dado un concierto en la Casa Blanca por solicitud del presidente estadounidense Abraham Lincoln.

De Nueva York al Cementerio General del Sur. Sus obras

El año 1938,  el presidente de la República Eleazar López Contreras, ordena que los restos de la artista  venezolana Teresa Carreño sean trasladados desde Nueva York, en febrero de ese mismo año llegan al puerto de La Guaira en el Vapor Santa Paula, de inmediato fueron ubicados en ánfora sobre el pedestal de mármol construido para ese propósito en el Cementerio General del Sur.

Entre sus obras como intérprete y compositora tenemos: Himno a Bolívar; El vals a Teresita, dedicado a su hija; Saludo a Caracas; Himno al Ilustre Americano; El Cuarteto para cuerdas en si Bemol y el Bal en revé opus 26.

Teresa Carreño en el Panteón Nacional

El 9 de diciembre de 1977, día del traslado de las cenizas de Teresa Carreño al Panteón Nacional, le correspondió el discurso de orden a la escritora Lucila Palacios, dijo: “Bajo el dintel del austero recinto del Panteón, han pasado los héroes y los hombres de pensamiento. Ahora, en su espacio abierto, por donde también cruzara Luisa Cáceres de Arismendi, se perfila la imagen  de la mujer que se fue por el mundo y lo lleno de acordes musicales y le hizo sentir la presencia de Venezuela”.

Hasta años recientes Teresa Carreño junto a la heroína margariteña de la independencia Luisa Cáceres de Arismendi, había tenido el honor de entrar al Panteón Nacional, considerada para la época la representación o las voces anónimas. En ese Templo sagrado de la historia de la patria consagrado a sus hijos singulares, donde confluyen “héroes, sabios, artistas, hombres de letras y patriotas, en fin, las figuras más destacadas de Venezuela y del continente: Simón Bolívar, Francisco de Miranda y Andrés Bello…”.

Teresa Carreño se adelantó a su tiempo

Teresa Carreño, “por encima de todo fue una mujer consciente de su capacidad y de su valor dentro de la sociedad, y por ello fue exigente, no perdonó, ni jugó el juego fácil de la esposa fiel´, que muchas de sus contemporáneas encontraban más cómodo, temiendo arriesgar una seguridad cuyos cimientos eran de barro. Teresa Carreño fue exigente con cada una de sus parejas, éstas fueron cuatro a lo largo de su vida”.

No tengo la menor duda que Teresa Carreño fue una mujer que se adelantó a su tiempo, en el mundo de hoy fuera una militante feminista, una vanguardista e irreverente, tal como lo fue, y pocas veces comprendida.  Una mujer venezolana que superó los obstáculos, es gloria del ayer y de hoy. Los genios son así.

En su honor, el principal Complejo Cultural de Caracas, lleva su nombre en su honor y fue inaugurado en 1983.

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