El Jorge Rodríguez de la oposición – Omar Ávila

 

El 25 de julio de 1976 fue encontrado el cadáver de Jorge Antonio Rodríguez en los calabozos de la extinta Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip).

La versión de la policía fue que el dirigente de la Liga Socialista, de 34 años de edad, había muerto de un infarto. Las investigaciones, que se hicieron de inmediato por órdenes del entonces ministro de Relaciones Interiores, Octavio Lepage, determinaron que había sido asesinado, que su muerte era la consecuencia de las torturas que le habían aplicado en la sede de la policía política de aquél momento.

Las extrañas circunstancias de la muerte del concejal Fernando Albán, recuerdan el caso de Rodríguez, padre de Jorge y Delcy Rodríguez.

Albán, quien fue detenido al regresar de los Estados Unidos el 5 de octubre en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, fue conducido a la sede del Sebin ubicada en Plaza Venezuela, desde donde, según versiones oficiales, se suicidó  lanzándose del piso 10.

Pero ¿es posible que en la sede de la policía política, en el piso que se conoce como el área de contrainteligencia, un hombre pueda separarse de sus custodios, correr hacia una ventana, abrirla para que su cuerpo pase a través de ella, apoyarse de ella y saltar sin que nadie se lo impida?

Se crean dudas, y muchas, y estas crecen con las versiones oficiales: la de Tarek William Saab que dijo, a través de VTV, que Albán había pedido ir al baño y se lanzó desde allí, lo que niega pero está grabado y al acceso público; la del ministro Néstor Reverol que más tarde dijo que Albán se separó de sus custodios estando en el pasillo para ser trasladado a tribunales, y se lanzó por una ventana. Y una tercera, más inverosímil, que señala que se suicidó bajo la presión de Julio Borges, quien se encuentra en Colombia, a muchos kilómetros del concejal.

La versión del suicidio es extraña y debe ser investigada exhaustivamente, de forma independiente e imparcial, pero uno se pregunta ¿quién investigará imparcialmente en un país donde no hay independencia de poderes, donde quien actúa como fiscal dice, a los pocos momentos de enterarse del suceso, que sí, que fue un suicidio?

Si Maduro pidió en la ONU a Estados Unidos que el FBI investigue su “magnicidio en grado de frustración” ¿podríamos entonces también pedir que el FBI envíe una comisión que investigue la muerte de Albán?

Son muchos los testimonios de torturas en las sedes del Sebin, Dgcim y otros cuerpos policiales. De ser ciertas estas denuncias, recuerdan cárceles como la Rotunda y los calabozos de la Seguridad Nacional; penitenciarias que aunque fueron derrumbadas, no han desaparecido, han mutado. Son un paradigma de nuestra historia que vive y hace un gran daño, existe aún y hoy se llama la “Tumba” o el Helicoide.

Al parecer, en la oposición ya hay un caso como el de Jorge Rodríguez padre.

Omar A. Ávila H.

Diputado a la Asamblea Nacional

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