Venezuela de tiranía a dictadura con la complicidad de una sociedad permisiva – Jesús Alexis González Ponce

Venezuela de tiranía a dictadura con la complicidad de una sociedad permisiva

El adjetivo permisivo, hace referencia a toda persona que tiene tendencia a consentir sobre ciertas “cosas” confiriendo, al propio tiempo, flexibilidad a la hora de ejercer su autoridad. En razón de ello, asume una actitud de tolerancia hacia el quebrantamiento de leyes y costumbres hasta conformar una sociedad permisiva donde los códigos morales y las normas sociales se tornan “liberales”.

Es así, que permisividad (situándonos en lo especifico del caso venezolano) ha de entenderse como la aceptación pasiva del incumplimiento deliberado de la Constitución, las leyes y las normas por parte del régimen. Tolerancia, por su parte, hace referencia a la aceptación pasiva de conductas que nos resultan personalmente molestas, pero que están dentro de las normas aceptadas como, p.ej. respetar las decisiones de un gobierno democrático aun cuando no sean de nuestro agrado.

Vale preguntar: ¿Cuál es la línea divisoria entre la permisividad y la tolerancia?

Identificar tal línea no resulta nada fácil, habida cuenta que la permisividad involucra una complicidad pasiva o activa sobre “algo” que se acepta ante la existencia de ciertos intereses (usualmente ocultos) al punto de sacrificar la libertad individual y de renunciar a la dignidad; mientras que la tolerancia hace referencia a la aceptación pasiva de situaciones indeseables pero que están dentro de las normas aceptadas, como p.ej. una ley promulgada dentro del marco constitucional. A tenor del enfoque conceptual descrito, se puede concluir que el límite se corresponde con el punto donde accedemos a permitir una conducta indeseable del régimen por cobardía o comodidad en cuanto a las consecuencias de imponer nuestro criterio de prohibición con el mezquino fin de evitarnos “problemas o inconvenientes”; hecho que ignora la verdad según la cual la permisividad agrava a corto y mediano plazo el contexto de las dificultades nacionales y por ende de las familiares. Es de obviedad manifiesta, que en simultaneidad el “infractor” régimen con ambición dictatorial se hará sistemáticamente más fuerte como consecuencia de esa   permisividad y tolerancia de los ciudadanos, lo cual facilita su ¡avance autoritario!

Complementariamente, vale destacar que generalmente los vocablos tiranía y dictadura son utilizados como sinónimos a pesar de tener una sutil diferencia en su significado. Es así, que tiranía o mejor dicho dominación tiránica de un país, hace referencia a una forma de gobierno sustentada tanto en la demagogia (falsas promesas para convencer al pueblo, que son atractivas pero difíciles de cumplir), como en el populismo (propuestas seductoras para el pueblo que tienen un alto componente manipulador); hecho que explica en mucho su aceptación por parte de los estratos sociales menos favorecidos, aunada a una capa clientelar proveniente del resto de los estratos. La dictadura, a diferencia de la tiranía, usualmente no llega por intermedio del voto popular y mayormente se trata de un “gobierno extraordinario” que emana en tiempos de convulsión, ingobernabilidad, corrupción etc; pero en la medida que el “presidente extraordinario” se mantiene en el poder va propiciando su conversión a dictador impulsado por la búsqueda de la eternización en el poder; tal como el caso de la Venezuela del presente donde la transición a dictadura “técnicamente” ya se efectuó habida cuenta de haberse suprimido la posibilidad de sufragar de manera justa y transparente, ante la presencia de un ente electoral que actúa con total dependencia hacia el régimen  militarizado.

De igual modo, ha de estar suficientemente entendido que la permisividad permite la invasión de nuestro territorio personal, a diferencia de la tolerancia que es no meterse en territorio de otro aun cuando sintamos deseo de hacerlo. En razón de ello, resulta de especial trascendencia que estén bien definidos los límites del poder del Estado más allá de mostrar una “apariencia democrática” (tal y como sucede en Venezuela) que hace énfasis en la celebración periódica de “elecciones” (por cierto, nada justas y transparentes) con el fin ulterior de inducir en los ciudadanos (en su condición de electores) una imagen de tolerante participación con la intención soterrada de procurar el “aval conductual” de la ciudadanía.

Reflexión final: En mucho,  la causa de la Venezuela en ruinas del presente debe encontrarse, aparte de la presencia de un diabólico y por tanto indeseable régimen, en la crisis a nivel social de valores éticos y morales inducida deliberadamente por la tiranía,  en el marco de un ambiente donde prevalece  la ausencia de  “guías de conducta” a la luz de un populismo desenfrenado,  en sintonía con el malvado comportamiento de un “dejar hacer, dejar pasar” (laisser faire, laisser passer)  aplicado al conjunto de Valores bajo el absurdo que sean regidos por un “orden natural” perfilado a su conveniencia en aras  de imponer una dictadura, que les permita reinventar a Venezuela como una trinchera para actuar con total libertad (a diferencia de la población) en un contexto de economía negra. (Ver nuestro artículo:” Economía negra, sustento del narcoestado venezolano”: www.pedagogiaeconomica.com).

 Por último, vale recordar la nostálgica contradicción histórica en cuanto a que Venezuela mediante el voto popular en democracia con tácito respaldo tanto ciudadano como partidista dio entrada a una tiranía que “ahora” amenaza con convertirse en dictadura, a menos que ¡rescatemos nuestra dignidad y rompamos con la permisividad!

Economista Jesús Alexis González