Por qué Votar no emociona – Kico

El ánimo nacional no es de votar, tampoco de ir a la calle ni de nada. La gente quiere irse, escapar de esta pesadilla. Hay que hacer un esfuerzo y buscar el por qué.

En abril del año pasado, el TSJ intentó acabar con la AN y vez de lograrlo encendieron el país Se armó un zaperoco enorme que duró 4 meses. Si le metemos lupa al episodio, encontramos que la victoria del 15 de diciembre en la AN provocó una gran alegría y al tiempo frustración. El gobierno aniquiló la Asamblea a los días de su instalación, la sacó de la legalidad y es un golpe duro y por el pecho. Frente a nuestros ojos se violó la constitución sin que importara para nada la opinión pública. Sin embargo, cuando fueron a rematarla con el TSJ como verdugo, la respuesta fue masiva e igual de dura. El problema es que el liderazgo se quedó pegado y en vez cambiar las formas de lucha se redujo a trancar calles y encerrar a los vecinos en sus urbanizaciones. Después de 150 muertos y todo ese esfuerzo Maduro instaló la ANC y nos detuvo en seco.

Con la constituyente se confirmó algo que andaba dando vueltas en la cabeza de los venezolanos. La idea de que el CNE era parte de gigantesco fraude se volvió real. La elección fue tan grotesca que hasta Smartmatic denunció que se había vulnerado la pulcritud del sistema electoral venezolano.

El oficialismo mató dos pájaros de un tiro; las ganas de protestar y las ganas de votar. Recuerden que a las manifestaciones las disolvían a punta de lacrimógenas. Perseguían a la gente casi que hasta la puerta de sus casas y eso produjo miedo en las desprotegidas familias que protestaban con sus hijos, perros y banderitas.

Sin explicar nada fuimos a las elecciones de gobernadores y ese vacío, la ausencia de un debate sobre lo ocurrido, produjo la primera evidencia que que algo raro está ocurriendo en la oposición. No solo se perdieron la mayoría de las gobernaciones, de 7 millones de votos que se obtuvieron el 15D pasamos a 3.500.000 votantes. ¿Qué les pasó a esos tres millones que no fueron a votar?
La única explicación que apareció fue la del extremismo que culpó a la MUD, a su liderazgo, de vender nuestras luchas. Surgió así el
Harakiri, la tesis del colaboracionismo. Por esa vía caímos en la división. Ese chantaje suicida destruyó la unidad. Resulta que tales ataques eran un plan muy bien estructurado para sustituir el liderazgo. El efecto de los paredones en las redes fue la reaparición de la antipolitica. La gente fue desplazando el razonamiento por la emocionalidad. Los políticos terminaron juzgados como corruptos, vendidos, seres despreciables. No se ha salvado
nadie. Más ahora que se disparan listado de corruptos por las redes como si fuera queso en un plató de pasta.

En las elecciones de alcaldes votó menos gente que en la de gobernadores y en las presidenciales la abstención ya pasó a ser política oficial. El liderazgo no pudo presentar una propuesta unitaria frente a la reelección de Maduro y se dejó llevar por la corriente. Se enredó en sus propias intrigas y en la desconfianza. Al final hasta los partidos más grandes terminaron llamando a no votar. Tampoco pudo la campaña de Henri Falcón emocionar muchos los que todavía creen en el voto. No logro quitarse de encima la etiqueta de “Falsón” que le encasquetaron los radicales.

La abstención avanzó y con ella surgieron varios mitos. En la peor crisis económica de nuestra historia, con más del 70% de rechazo a la gestión del gobierno, la oposición en vez de avanzar, se paralizó a la espera de que la solidaridad internacional resolviera lo que ella no podía. Luego, el radicalismo vendió que venía una invasión, un golpe, una nueva salida mágica y eso agregó más leña a la candela.

No es que la idea de votar esté herida de muerte. Es la política la que está en un congelador. Todos los días hay protestas por hambre, por la luz, el agua y la inseguridad en que vivimos y no hay un partido o
Un algún dirigente que dirija o le dé sentido al reclamo de los más pobres. La verdad es que se perdió la mayoría. Los ni-ni crecen y se debe a la pérdida de confianza en el liderazgo. La ausencia de unidad ha generado mucho dolor. Nadie cree en el CNE. Sin cambios en el organismo persistirá la desconfianza hacia el voto como
Instrumento de pelea. No hay un norte claro y los laboratorios en las redes ahora andan sin frenos. Lo que se dice de los políticos es pura porquería.

Semejante vacío nos obliga a pensar. Dejar de mentir para hablarle a los venezolanos con la verdad, que todos sabemos que no es una sola. Es urgente salir del pesimismo. No estamos derrotados. Abrámosle paso a la salida negociada. Concentrémonos en que se cambie el CNE y se garantice la pulcritud del voto. Volvamos a la política.

Un comentario

  • Ciertamente el gobierno logró aniquilar la emoción oposicionista de diciembre 2015. Creo que ello es mas el producto de la torpeza nuestra que de la inteligencia gubernamental. No sólo las protestas del 2016 son muestra de nuestra torpeza, que de hecho lo son. Creo que el principal error fue plantear una salida rápida del gobierno, además cargada de notoria arrogancia. Fue un evidente desconocimiento de las capacidades defensivas de un gobierno que de cinco, apenas perdía uno de los poderes públicos en aquel momento. Pero no creo que debamos concentrarnos en el cambio del CNE. Eso sería como lanzar un ataque frontal, sabiéndonos en rotunda desventaja. El gobierno sabe que lo sostiene la inamovilidad electoral del ciudadano. Conviene pensar en otra estrategia

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