¿Y qué esperaban? – Andrés Maroti

¿Y qué esperaban?

En alarde de optimismo, de ingenuidad o de hambre excesiva por un carguito  los políticos sobrevenidos a ese oficio han pretendido marear al pueblo para que saliera a votar por ellos y sus partidos allegados al régimen ideológica o prácticamente, sin tomar en cuenta el clamor del pueblo, de la nación, de la sociedad, del país entero,  en cuanto al sentir con respecto a nuestra tragedia muy seria, y muy por encima de una simple coyuntura tragicómica.

Con el argumento  teórico principista del sufragio indispensable para  lograr objetivos en democracia trataron de convencer a una  población harta de politiquería, corrupción, engaños y atropellos para que ejerciera el sagrado derecho de manifestar su voluntad, de  elegir en medio de una situación no solo adversa sino totalmente controlada por fuerzas oscuras enemigas de Venezuela dentro y fuera de sus fronteras. Aparte de esa nimiedad, los venezolanos enfrentados al hambre, a la falta de salud y educación, a la violencia de estado, al abuso institucional, a la represión y persecución, a la intimidación y chantaje, y a toda clase de calamidades y pestes, no estaban ganados para participar en una nueva payasada electoral.

No hubo abstención. No digan eso, porque ese término le conviene al gobierno para voltearlo diciendo que hubo avalancha de votos en la jornada y que la oposición no logró su objetivo.

En realidad  hubo inocultable desprecio,  en su más extenso significado,  de la ciudadanía,  y carencia de ganas,  positiva y negativa,  de hacerle el juego al régimen nuevamente.

Los opositores oficiales no han logrado sintonía con lo que quiere el pueblo porque se perdieron en el camino de las disputas y discordias egoístas  para dejar por fuera, como la guayabera, el núcleo del problema. No han querido ni logrado comprender que el meollo del asunto no está en sobrevivir, cohabitar o contemporizar con este desastre para continuar sobrellevando el martirio,  sino que el fondo  de la angustia está en acabar de una vez por todas con el infierno que estamos viviendo hace veinte años. Ya no es solamente un tema político  doctrinal; versa principalmente sobre la vida cotidiana de millones de venezolanos que son obligados a preocuparse de alimentarse y vegetar sin más horizonte ni futuro que el de la puesta de sol y el amanecer incierto. Esta horda ha tenido y tiene como propósito la eliminación de las emociones, esperanzas ambiciones e   ilusiones que todos los seres humanos albergamos para convertirnos en bestias irracionales dependientes de una  fantasía macabra, esclavizadora y salvaje.

La dirigencia opositora, con sus excepciones,  se ha volcado sobre la política casi con exclusividad  y se ha olvidado del mantenimiento  del estado de derecho, de la seguridad jurídica, de los postulados republicanos,  de las exigencias de la nación como ente generador de bienestar, de un bien mayor que está por encima de apetencias personalistas e individuales. Estas premisas han sido bastante tímidas y amarradas.

Es explicable que el oficialismo haya logrado una  exigua votación para sus mandatarios robotizados a punta de ofrecimientos reales y ficticios, y mediante extorsión y amenazas de todo grado, pero si la oposición creyó que  podía hacer lo mismo  con puros razonamientos prepotentes y pomposos entonces los mandantes están más errados y desviados de lo que han demostrado últimamente.

Señores, hay que poner algo más sobre la mesa, como dijo la marquesa.