En medio de la crisis en Venezuela, el dólar es rey

Ángel Molina, venezolano de 33 años graduado de Filosofía y Lingüística, vivió su peor año en el 2016. Toda su familia de pronto dependió de él financieramente cuando su padre tuvo que dejar su empleo cuando le diagnosticaron cáncer de pulmón.

Así las cosas, Molina tomó varios empleos, como editor de documentos jurídicos, como tutor y revisando manuales de compañías, pero su ingreso mensual en bolívares no era suficiente para comprar alimentos y medicinas para sus padres y él mismo En unos pocos meses perdió varias libras de peso.

“Tuve que empezar a usar pantalones de dos tallas menos”, dijo Molina.

Pero todo cambió de repente cuando empezó a revisar en Internet manuales de estilo para una universidad privada con sede en Costa Rica, que le pagaba 200 dólares mensuales. Ese dinero le parecía una fortuna: era 30 veces el salario mensual mínimo en Venezuela (18,000 bolívares, unos 6 dólares). De la noche a la mañana, Molina pudo dar lo básico a su familia.

Incluso comenzó a darse algunos “lujos”: empezó a viajar, a comer a fuera con su novia o a tomarse unas cervezas en un bar.

“Le compré medicinas a mi mamá para tratarse la celulitis facial”, dijo con una sonrisa. “Me pude comprar una computadora nueva, ropa nueva. En este momento incluso estoy un poco pasado de peso”, dijo.

Una tercera parte de los 30 millones de venezolanos, Molina entre ellos, están ganando en dólares o manejan la divisa estadounidense a diario, estima Ecoanalítica, una firma asesora de Caracas. Cientos de miles de venezolanos han puesto su esperanza en el llamado billete verde, beneficiándose de lo que ganan en esa moneda o que reciben como remesas de familiares en el extranjero.

EL BOLÍVAR PULVERIZADO
Pero el descalabro económico en Venezuela ha afectado la fortaleza del dólar en el mercado interno. La inflación es tan fuerte que es casi imposible vivir cómodamente un par de cientos de dólares.

Cendas, un centro de investigación especializado en las necesidades de la clase trabajadora venezolana, concluyó en febrero que una familia de cinco necesita aproximadamente 1.4 millones de bolívares, unos 400 dólares, para satisfacer sus necesidades básicas. Eso era 200 por ciento más que el mes anterior. El dinero, incluso en dólares, ya no sirve para mucho en Venezuela, reconoce Molina.

“Antes una cena con mi novia y mis amigos me costaba solamente 8 dólares. Ahora necesito el doble, quizás más”, dijo.

Venezuela, otrora un país rico, sufre el colapso de su economía en medio de la corrupción, políticas socialistas fracasadas, hiperinflación y mala administración. Además, ahora existe el enfrentamiento entre Nicolás Maduro —quien ha seguido en el poder tras unas elecciones fuertemente criticadas— y Juan Guaidó, el presidente interino reconocido internacionalmente, quien es presidente de la Asamblea Nacional.

Pero mientras los venezolanos esperan a ver qué sucede, los precios aumentan a un ritmo diario de 3.5 por ciento. El bolívar ha perdido tanto valor que el dólar estadounidense es el que fija las pautas de la economía. Venezuela ha experimentado hiperinflación 14 meses consecutivos, explica Jesús Casique, economista y director de Capital Market Finance, una firma de asesoría financiera.

“Por eso miles de personas buscan divisas duras para proteger sus ingresos y activos”, dijo. “La hiperinflación pulverizó el bolívar”.

El gobierno venezolano ha impuesto varios mecanismos de control de cambio de divisas desde el 2003. Todos han llevado a la inestabilidad económica y a la contracción del Producto Interno Bruto, y han beneficiado muy poco a las compañías privadas. Como los precios aumentan rápidamente, hacen falta más dólares para satisfacer la necesidad de bienes y servicios de los venezolanos, dijo Casique: “Los economistas decimos que ‘los salarios usan las escaleras y la hiperinflación usa el ascensor’ ”.

NO MÁS LUJOS
Estos días los venezolanos están divididos en dos clases económicas: los que tienen acceso a los dólares, principalmente en las clases alta y media, y los demás.

Martha, una diseñadora gráfica del estado Aragua, quien pidió no identificarla por su apellido por temor a represalias, gana 1,000 dólares mensuales por sus trabajos para dos compañías, una en Panamá y otra en Venezuela. Todas las semanas cambia unos pocos dólares en bolívares, no más de la cantidad que va a gastar en alimentos, medicinas, pagar cuentas y la construcción de la nueva casa para su madre.

“Con mi primer pago, en el 2017, compré comida para toda la semana y llevé a mis hijos a comprar helado, todo con solamente $10, y me sobró dinero”, dijo Martha. “A medida que fueron pasando los meses, he tenido que cambiar 50 dólares o más para hacer exactamente lo mismo”.

El dólar estadounidense determina el costo de las cosas en la economía venezolana. El precio de los productos y servicios se fija según la fluctuación del dólar en el mercado negro. El cambio en bolívares puede cambiar hasta cinco veces al día. El mismo par de zapatos, por ejemplo puede costar 20 dólares en cierto momento y 30 dólares unas horas después.

Los clientes pueden usar bolívares y dólares para pagar la mayoría de los productos. Por ejemplo, la gente puede pagar en dólares el valet. Y muchos venezolanos usan tarjetas de crédito de bancos estadounidenses para hacer compras. Eso les conviene más porque la tasa oficial del cambio del dólar —fijada por el gobierno— es un poco más alta que la del mercado negro. Es muy probable que la inestabilidad política haga aumentar más los precios, dijo Casique, el economista.

Yvette Morante de Durán, economista de 43 años, dice que está acostumbrada a calcular rápidamente los precios en dólares cuando ve el precio de los productos en bolívares en los supermercados. Un día vio un paquete de una libra de leche en polvo que costaba 2 dólares, o 5,000 bolívares, en un supermercado cerca de su casa. Cuando decidió comprar el producto en el mismo lugar tres días después, costaba 5 dólares.

“El bolívar está prácticamente muerto, sí, pero ni siquiera el hecho de que tenemos salarios en dólares garantiza que podamos comprar”, dijo Morante, quien se gana la vida vendiendo pólizas de seguro extranjeras.

Su esposo, Tito Durán, ex profesor de Inglés en una universidad privada, dejó el trabajo para irse a un centro de llamadas de una compañía de servicios médicos con sede en California.

“Algunos pudieran pensar que nosotros los venezolanos podemos darnos lujos si ganamos en dólares”, dijo Durán. “Pero no es así. Nadie en nuestro núcleo familiar come queso crema o va más a menudo al cine”.

CUCUTA, COLOMBIA - MARCH 01: Jorge Corbero, originally from Caracas, Venezuela, sits on his bed as he uses the Venezuela Bolívar to make items to sell on the street on March 1, 2019 in Cucuta, Colombia. The Bolivar has such little value Mr. Corbero has piles of it to use to make purses or other items for sale. Many Venezuelans have left their country in search of a better life as the economic and political situation in their home country deteriorates. (Photo by Joe Raedle/Getty Images)

CUCUTA, COLOMBIA – MARCH 01: Jorge Corbero, originally from Caracas, Venezuela, sits on his bed as he uses the Venezuela Bolívar to make items to sell on the street on March 1, 2019 in Cucuta, Colombia. The Bolivar has such little value Mr. Corbero has piles of it to use to make purses or other items for sale. Many Venezuelans have left their country in search of a better life as the economic and political situation in their home country deteriorates. (Photo by Joe Raedle/Getty Images)JOE RAEDLEGETTY IMAGESH

Con información: El Nuevo Herald

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