El Barcelona a Semifinales de la Champions

Dos goles de Messi en la primera parte y otro de Coutinho en la segunda derribaron el muro que había separado al Barcelona de la semifinal de la Liga de Campeones en las últimas tres ediciones.

Concentrado y dominador, el Barça no concedió ninguna oportunidad a un Manchester United que sorprendió de salida pero acabó vapuleado por el fútbol dominador e inteligente del Barcelona, que contó con la colaboración de Sergio de Gea en el segundo gol.

Solksjaer introdujo en el once a velocistas como Martial y Lingard, futbolistas incisivos que había dejado en el banquillo en Old Trafford. Buscaba un partido revolucionado el técnico noruego y, efectivamente, el Manchester United empezó incandescente, desbocado en busca de un gol que igualara la eliminatoria y sembrara la inquietud en un Camp Nou cansado de naufragar en la eliminatoria de cuartos.

Fue un arranque salvaje, con un disparo de Rashford al larguero cuando todavía no había transcurrido ni un minuto y el Barça no había tenido tiempo de discernir de qué iban los diablos rojos. En el siguiente ataque volvieron a sorprender a la defensa azulgrana desorganizada, pero McTominay falló en el control en el área y se le evaporó la oportunidad.

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Daba la impresión de que la historia, el escudo y los mitos que ha alumbrado el club mancuniano estuvieran empujando al equipo, un bloque agresivo que convertía en anecdóticas las brevísimas posesiones del Barça. No sufrió en ningún tramo del partido el conjunto de Valverde, salvo en este comienzo indómito. La fase de domesticación duró unos diez minutos, cuando el Barça comenzó a construir su centro de actividades en el campo adversario.

Sin haber propuesto casi nada, el Barcelona se encontró de repente con un penalti por derribo de Fred a Rakitic. Felix Brych no dudó en hacer sonar el silbato y la grada celebraba su decisión… hasta que se llevó la mano al auricular y fue conminado a consultar el monitor del VAR. Tras unos instantes de intriga, el colegiado alemán se retractó. La tecnología, que sirvió para validar el gol del Barça en Old Trafford, ahora le escatimaba un penalti, probablemente de manera justa porque no se aprecia intencionalidad en la acción de Fred.

La interrupción dejó una duda en el ambiente. ¿Iba a incidir psicológicamente en la dinámica del partido? En este sentido, el indulto podría haber inducido un rearme moral de un United que había empezado a frenar. La aparición de Messi desarticuló cualquier elucubración. Fue una intervención rápida, quirúrgica y sorpresiva. El cuadro inglés no sintió el dolor hasta que vio la pelota alojada en la portería de De Gea. Colosal, Leo ganó una disputa con Fred en la banda, eludió a Fred mediante un túnel y avanzó paralelo a la línea de la frontal hasta que decidió ejecutar a la base del palo derecho de De Gea. Rápido, limpio, indoloro.

Al cabo de cuatro minutos, Messi penetraba por la vertical, recortó a Jones y disparó con la pierna mala (aunque mejor que la buena de muchos) desde la media luna. A todo el mundo le pareció un disparo inofensivo, menos a De Gea, que esperando de Messi algo mejor terminó por tragarse el balón de manera patética, como si Barcelona fuera Sochi.

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Messi convirtió el caballo de carreras que había sido el United en un asno artrítico. En diez minutos creo más oportunidades que en todo el partido de Old Traford, pero a mediados de la primera parte ya era un cadáver. El Barça superaba la presión como quería, combinaba sin problemas en zonas de riesgo… Ni el escudo, ni la historia eran capaces de sostener a un rival que estuvo a punto de irse al descanso con un tercer gol. Pero De Gea, involuntariamente y con la cara desvió sobre la línea el remate de Sergi Roberto.

Resignado, consciente de su incapacidad, al equipo inglés no le sirvió de nada el descanso. Si Solksjaer arengó intentando inyectar algo de moral o apeló al orgullo de la tropa, es evidente que no sirvió de nada. Más de uno habría votado por regresar a Manchester sin disputar el segundo acto si el reglamento lo permitiera.

El segundo tiempo fue un calvario para los diablos rojos. Comenzó con un remate de Messi desviado a duras penas por un defensa y prosiguió con una diana extraordinaria de Coutinho a la escuadra, imposible para los centímetros de De Gea. En plena fiesta culé, Messi intentó un remate de cuchara que se escapó por poco.

Hasta el último minuto el Manchester United no requirió la presencia de Ter Stegen, y el portero alemán actuó de manera impecable para rtepeler un grandísimo remate de cabeza de Alexis Sánchez, viejo conocido. Tantas veces disfrutó en el Camp Nou el tocopillano. Ayer sufrió un tormento.

Fuente: lavanguardia.com

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