El Estimulo: Pedro Carmona Estanga: todos somos responsables por la caída de la democracia

El 11 de abril del año 2002 fue una fecha que marcó la historia del país, cada venezolano tiene su percepción de los hechos que llevaron a la salida y regreso del hoy fallecido Hugo Chávez.

Pedro Carmona Estanga, el entonces presidente de Fedecámaras, tenía una carrera que hasta ese momento podía considerarse impecable. Sin embargo, su nombre es asociado en la historia con lo acontecido entre el 11 al 13 de abril de 2002.

Su mandato es duramente criticado, no duró ni 48 horas por lo que hoy el chavismo lo llama “Pedro el Breve”. Durante su presencia en el poder se disolvieron los poderes públicos a través de un decreto, que como afirmó pretendía se realizaran elecciones parlamentarias y presidenciales a corto plazo.

Visto a la distancia lo acontecido es considerado como un fracaso para la democracia -siempre es más fácil analizar ya con el tiempo transcurrido- y lo que hoy vivimos es probablemente parte del espiral descendente producto de esos días de conmoción.

En estos tiempos de incertidumbre política y profundización de la crisis con un Nicolás Maduro aferrado al poder, es inevitable que el chavismo, encerrado en su búnker, intente comparar la juramentación de Carmona Estanga, con la hecha por la ciudadanía el 23 de enero de 2019 por el presidente encargado Juan Guaidó reconocido hoy por 55 países del planeta.

Carmona Estanga es una de las principales figuras de ese abril de 2002 y hoy cuenta su versión de los hechos. Actualmente, en el exilio, el director de la Maestría en Administración de Negocios en la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, Colombia, dice no tener remordimientos ni arrepentimientos pues como afirmó: “Para la verdad el tiempo, para la justicia Dios”.

A su juicio ¿Cuáles de las acciones que tomó, estuvieron bien y cuáles fueron sus errores?

No hay nada perfecto en la acción y en el acontecer en las decisiones de los seres humanos.

Lo primero que hay que recordar es que hace 17 años, de ese 12 abril, todo había estado precedido por factores que de alguna manera configuraron la crisis. Todo partiendo de la base de que yo, como presidente de Fedecámaras tendí puentes de oro al diálogo con el gobierno.

Mi primer deseo e intento genuino fue de convencer a Chávez de que convenía al país y hasta que su propia gestión abriera espacios de debate sobre temas de interés nacional, cosa que en el fondo Chávez no supo valorar. ¿Por qué? porque ya se veía venir en 2001, se devenía venir una tendencia autocrática.

Una que fue muy socialista y muy autocrática, sobre todo por la aprobación de las leyes habilitantes en 2000 y 2001 que permitieron esta posibilidad de legislar mediante decretos, leyes de interés fundamental para el país.

Los otros actores que construyeron hacia la crisis de abril fue la inconformidad del sector sindical de la CTV por su conocimiento de hechos de los contratos colectivos del gobierno. Y el tercero y el más importante, fue la politización de Petróleos de Venezuela.

¿Cuál fue la intención política de lo ocurrido ese día?

El propósito del gobierno de transición democrática, que se quería establecer el 12 de abril de 2002, era rescatar la independencia de poderes y ante el vacío de poder que ocurrió en esos momentos. Llamar a elecciones, limpias, con garantías y eso que no había ocurrido todo lo que ha pasado después en el sistema electoral venezolano.

No era yo quien iba a decidir el rumbo del país salvo el único propósito que era una provisionalidad breve, 90 días para convocar probablemente elecciones parlamentarias y 180 días para elecciones presidenciales con todas las garantías y que el país decidiera si era ese u otro el rumbo que debía imprimirse.

Lógicamente lo que si se buscaba lograr, y que era indispensable, era el juego de la independencia de los poderes y de rescate de la constitucionalidad y el Estado de derecho que estaba vulnerado.

El 11 de abril no fue producto de un plan premeditado. Fue un tsunami político que irrumpió, pero sin que haya habido un plan previo y preparación para asumirlo.

¿Cuál fue el error?

Si algún error hubo, no es tanto lo del decreto, sino que algunos altos oficiales que se pronunciaron en contra de Chávez, se resistieron a que pudiera salir del país a Cuba cuando estuvo dispuesto. ¿Por qué? Decían que Chávez tenía las manos machadas de sangre, que tenía que ser juzgado. Eso fue antes de yo tener la encomienda de encabezar un gobierno provisional.

Eso condujo a que Chávez quedara bajo custodia en la Fuerza Armada, lo que significó para mí, probablemente el inicio de un reflujo de fuerzas. Y aquel famoso fax que envió Chávez desde la base naval de Turiamo, donde dijo yo no soy un presidente “renunciado”. Hay que recordar que hay mucha gente joven que no conoce o no recuerda lo sucedido.

Muchas veces se critica, pero la intención fue un brevísimo periodo de facto, para salvar la democracia y que fuera definitivamente el pueblo, el poder Constituyente original, el que decidiera el rumbo y el futuro del país.

No había una ambición personal de mi parte en continuar en alguna función que pudiera significar puestos o cargos de elección popular. Es fácil decir Carmona fue responsable de muchas cosas. Los venezolanos son complejos… Nos convertimos de héroes a villanos fácilmente.

¿A usted lo ha contactado alguien para conversar sobre cómo lograr una transición en Venezuela, o cómo ejecutar una?

No, no me han llamado. Con amigos he conversado desde luego, pero en plano jurídico, personal, a mi nadie me ha llamado.

Uno puede encontrar analogías. Por ejemplo, yo diría que hoy en día ha habido más alineamiento de astros en este deseo de transición que en el 2002. La comunidad internacional está perfectamente consciente de que en Venezuela lo que gobierna es una tiranía.

No es sólo una dictadura, es una tiranía absolutista, que conlleva la destrucción del país. No es siquiera una crisis humanitaria, como algunos le llaman, ni siquiera una emergencia humanitaria, sino es una catástrofe humanitaria, incluso lo llamo exterminio del pueblo porque es lo que está ocurriendo en Venezuela.

La gente está muriendo. La comunidad internacional tiene el deber de proteger a un pueblo de una situación casi de exterminio que está ocurriendo.

¿Qué similitudes ve usted en su historia y la que está escribiendo Juan Guaidó?

Ambas están dirigidas al mismo propósito: que finalmente haya elecciones limpias para relegitimar los poderes. En el caso actual, desde luego, para el cese de la usurpación como dice el presidente encargado Juan Guaidó.

Pero más bien hay diferencias entre los dos momentos. En 2002 la crisis que significó el anuncio de la renuncia de Chávez y el vacío de poder hizo que yo asumiera la presidencia interina, Guaidó es encargado. Actualmente Guaidó tiene, frente al desconocimiento de Maduro, la línea de sucesión constitucional.

¿Qué consejos le daría a Guaidó?

¡Dios mío! No es fácil dar consejos a quien tiene semejante responsabilidad en sus manos.

Sí podría decirle que el tiempo no es ilimitado. Ha logrado levantar de nuevo, el fervor de un pueblo, la esperanza de un pueblo que estaba deprimido, abatido y desmovilizado. Sin precipitarse debe considerar que mucho del apoyo nacional e internacional puede tener límites en el tiempo.

Entonces, sin dar saltos al vacío y con los pies en la tierra, debe saber que ese es un factor que hay que considerar pero por lo demás, que también continúe con mucha claridad, firmeza y determinación. Que se convoque, por supuesto, al respaldo popular que es fundamental y al de las propias Fuerzas Armadas porque por desgracia dependemos una vez más de los militares.

Hay cosas también que se deben sopesar. Hay una cúpula militar, corrupta, comprometida, por desgracia, y que va hasta el final con el chavismo, el general Padrino y compañía.

Pienso que en las circunstancias actuales, no cabe una intervención militar unilateral de Estados Unidos, ni de ningún país pero sí de intervención humanitaria.

Hay denuncias de la presencia del Ejército de Liberación Nacional en varios estados del país y que éstos participan en la distribución de insumos básicos lo que es un riesgo para la región…

Lo es para la seguridad continental y mundial. Ahí está el ELN de Colombia en 14 estados de Venezuela, se amparan en el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión. Igualmente que el sostén del gobierno sean los grupos colectivos, violentos, armados y auspiciados por el mismo Ejecutivo, es también un hecho que no tiene precedente.

Quizás, probablemente, las luchas tribales en África pero eso de que hay un gobierno que financia y que tiene en nómina a los colectivos, y les da armas, motos y todo lo que necesiten, es insólito.

Es toda una ilegalidad, es un gobierno ilegal, ilegitimo, corrupto, que no cree en el Estado de derecho ni en las instituciones.

¿Cuál es su juicio sobre la situación de las Fuerzas Armadas en la sociedad actual?

Uno de los retos que tiene el país lograr por delante es reestablecer el orden, sacar al país de la anarquía. Se deben reconstruir las instituciones, desde las Fuerzas Armadas hasta Petróleos de Venezuela.

Hay que desarmar al país, dar un golpe de timón en la economía, un modelo diferente y rescatar el aparato productivo. Todo ello puede costar 70 mil millones de dólares según lo calculado por Ricardo Haussman en Harvard.

Los militares tienen que ir a sus cuarteles; no es solo la cacería de brujas, no. Los militares tienen que ir a lo que dice la Constitución chavista de 1999, a estar al servicio de la nación y no de persona o parcialidad política alguna. Debe terminarse con esa violación abierta a la Carta Magna o la complicidad de algunos oficiales abyectos o con el grito “Patria, Socialismo o Muerte” en actos militares.

No está bien que estén en la escuela militar enseñando marxismo, que se exijan a los militares pasar por pruebas de ascenso que tienen una carga ideológica profunda y chavista y comunista ¿Cómo puede ser eso? No puede ser eso.

Son múltiples los factores que obligan a multiplicar el esfuerzo para lograr lo que le está pidiendo 90% de la población, que haya un cambio y que Maduro debe irse.

Algunos actores políticos afirman que durante los hechos del 11 de abril estaban reunidos con los militares para que se hiciera la suplencia de la presidencia a través de la Asamblea Nacional y que usted se fue directo a Miraflores. ¿Es esto cierto? ¿Qué motivos tendría Ud. para hacer algo así?

Pues no, el 11 de abril en la noche, la madrugada del 12, recibí el pedido y la encomienda de encabezar un gobierno provisional.

Los militares, por supuesto, respaldaban pero no querían asumir directamente el poder, y en cuanto a que el Parlamento, la Asamblea Nacional de ese entonces, podría haber pensado deslegitimar al gobierno de transición hay versiones pero no es más que una simple conjetura.

Yo tuve por ejemplo la oportunidad de hablar en aquellas horas con Luis Miquelena, que era un hombre afecto al gobierno, aunque ya para ese entonces se había distanciado de Chávez. Si era cierto que había posibilidades de que la Asamblea Nacional le diera la legitimidad a la transición, pero no, no hubo nada más.

Algunos dicen que hubo una comisión de diputados que puede haber llegado a Miraflores, en el momento en el que se decidió hacer los anuncios y la juramentación de algunos ministros, pero no tuve conocimiento de que estuviera allí en Miraflores en una misión del Parlamento; quizás, en los instantes en los que se iba a iniciar un acto, puede haber sido eso, pero en definitivamente no.

Yo, sin embargo, accedí a anunciar antes, después de renunciar a la encomienda que se me había hecho, cosa que hice desde Fuerte Tiuna, al rectificar el decreto y a encomendar a la Asamblea Nacional que tomara las riendas de la transición.

Yo hice una rectificación del decreto original en donde también la Asamblea Nacional iba a ser religitimada por la vía electoral y eso es un documento en el que se anunció desde Fuerte Tiuna, entonces, bueno, son hechos también para la historia ¿no?

Para la historia usted quedó como el autor intelectual y material de esa idea en la que usted asume todos los poderes ¿es esto cierto o esto fue planeado con otros políticos?

No de todos los poderes, porque repito, el objetivo era que en 80 o 90 días llamáramos a elecciones y entonces el pueblo decidiría, no yo.

En segundo lugar, se iba a crear un consejo consultivo con actores políticos de la presidencia provisional interina en el que se incluiría a todas las dirigencias políticas.

En cuanto a poderes, algunos dicen que creen que me van a ofender si me llaman “Pedro, el breve”, pero es que breve iba a ser. No tenía ninguna intención de permanencia salvo la encomienda exclusiva de convocar un proceso electoral limpio, con garantías para definir el futuro del país.

En mi libro lo relato: en algún momento llame a un grupo de personas a Miraflores. Primero para ampliar la base, hice un ofrecimiento, conseguí a uno de los altos directivos de la Confederación de Trabajadores de Venezuela para ocupar la vicepresidencia -cosa que obviamente tenía que consultar- pero también llamé a algunos representantes del estamento castrense, de la Iglesia, de la sociedad civil, para tocar las opciones que estaban sobre la mesa.

Lo que menos tengo ahí es mi personalidad, soy un hombre conciliador, no de ambiciones políticas, no he tenido carrera de trayectoria en la política convencional, no digamos en la política partidista.

En mi vida me mantuve, hasta ese momento, independiente de toda la diatriba y la lucha política y no se debe pensar que tenía deseos de asumir el poder, en lo absoluto, no. Por lo contrario, traté de conducir y me comunique a la comunidad internacional, inclusive, a la misión de la OEA en Venezuela, que debía estar el lunes siguiente, el 14 de abril, en Venezuela.

Yo invoqué la Carta Democrática Interamericana al revés para que vinieran a la garantía plena del restablecimiento del orden constitucional en el país.

Disolver los poderes es considerado como una vulneración a la democracia

Que me cuenten ¿Qué democracia? La conculcada, la que no tenía independencia de poderes, la que cubanizó el país, o destruyó el aparato productivo y la propiedad privada, u otras tantas cosas que ya ocurrían, pero sobre estas que señalo.

Ya teníamos en Venezuela una subordinación a Cuba, ya se entregaba el petróleo. 20.000 y hasta 40.000 personas de un ejército de ocupación cubana en Venezuela; todos hechos importantes que hay que recordar.

Mi frustración fue haber intentado un diálogo con Chávez, eso me llevó a la conclusión de que Chávez no quería pasar a la historia como un estadista, que debate, que diserta, sino como un revolucionario que impone, que es disruptivo, que es autocrático. Todo lo contrario a mi personalidad, que soy reconciliador, oigo, escucho, que tuvo una formación más académica. Así se distorsiona la historia ¿no?

¿Está usted conforme con el puesto que tiene en la historia de Venezuela?

No. Hay cosas que hay que aclarar; todavía hay gente que fácilmente me señalan como si la responsabilidad única de esa oportunidad perdida fuese mía.

Hay muchos, muchos, muchos actores que coparticiparon de todo, pero es fácil decir después: “Yo no fui”, o “Este es el responsable”.

Es muy de los venezolanos esto. Tenemos muchas virtudes pero también defectos. Una de ellos es hacer leña del árbol caído y desligarse de las responsabilidades.

En realidad, todos tenemos responsabilidad y los enemigos mayores de la democracia pueden ser la incredulidad de que pueden pasar cosas.

En Venezuela mucha gente dijo: “El país está buscando un cambio, y Chávez lo está tirando al foso, bueno, hay que darle la oportunidad y si resulta malo, no podrá estar más de 5 años en el poder”.

Había gente que pensaba así. Eso es incredulidad o ingenuidad, o también indiferencia y pasividad, cuando decían la política es para otros. Esto allanó el camino a que llegara este socialismo del siglo XXI ya destruido abiertamente al país de una forma carísima.

Todos tenemos que reflexionar porqué, por acción u omisión, hemos tenido una corresponsabilidad en esta tragedia que hoy enluta y amarga tanto a nuestra sufrida patria.

Aunque ha escrito un libro ¿por qué tanto silencio? Tomado en consideración que el talante autocrático del Ejecutivo se radicalizó después de ese abril de 2002.

Yo he hecho un pacto con medios internacionales y nacionales por respeto a la condición de asilo durante tantos años, no me abrí a medios nacionales colombianos.

Con Venezuela no tengo problema.

A veces hay que darle tiempo al tiempo porque entre la manipulación del chavismo, de satanizar, y la incomprensión de algunos de que yo era un omnipotente el 11 de abril, -obviamente no lo era- en medio de un tsunami político, viendo las complejidades de ese momento; El silencio está con muchos medios internacionales.

He dado declaraciones, he escrito en un blog muchas directas reflexiones y aclaraciones sobre el 11 de abril. Desde el libro hasta muchos escritos posteriores, de manera que no es el silencio, sino el respeto a la condición de asilo político que Colombia me concedió y no crear más problemas al gobierno de Colombia en años anteriores; son 17 años.

El tiempo ha pasado y también las cosas se han modificado.

No deseo, sino vivamente de corazón, que Venezuela rescate su libertad, que cese esta situación catastrófica de sufrimiento que el país vive.

Pero una precisión sobre algo que mencionaste de que el 13 de abril se radicalizó el chavismo. La radicalización mayor no ocurrió en esos meses posteriores, sino después del paro petrolero de diciembre de 2002 y enero del 2003, que fue cuando tomó muchísimas medidas, más severas tanto en Pdvsa, así como el control de cambio y la radicalización.

 

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