Sin firmeza no hay paraíso – Andrés Maroti

Se subió la gata a la batea.  Tenemos veinte años de regresión y todavía falta, por los vientos que soplan. Así como van las cosas es dudable que el régimen nos abandone porque el tiempo está con ellos mientras siguen arruinando al país por los cuatro costados.

Es imposible iniciar cualquier forma de recuperación y avance en las múltiples áreas deterioradas de la nación con la presencia de los predadores cómodamente instalados en este desastre.

Hasta ahora han logrado capear la tempestad que los rodea, y para sorpresa de todos los actores en escena la llorantina de la izquierda que cunde por el planeta ha logrado la buena voluntad de gente que aspira a resolver nuestro problema con el piloto automático puesto, para darles a estos el tiempo extra para un enésimo aire.

Eso se suma al hecho de que en Venezuela estamos lidiando con el usurpador y su combo, con los integrantes de la oposición ficticia, con los opositores verdaderos, que somos el noventa por ciento, y ahora más recientemente con los que quieren a Noruega como si fuera maná y aquellos que les duele ese giro que apunta, por los momentos, a una carrera de caballos parada de burros. Mucha hartura es lo que hay, lo cual no indica preferencia por violencia sino por más efectividad y resultados. En algunos aspectos estamos transitando panoramas que dieron al traste.

Mediación, negociación y diálogo son palabras en las que la semántica les presta discusión. Apreciado lector, busque en el diccionario de la RAE o cualquier otro y reflexione sobre las distintas acepciones. En cualquiera de las tres se requiere argumentación y comunicación; y ahí es donde se alarga el cuento como el de Las mil y una noches.

Cuando se quiere definir un conflicto a distancia y sin tener el apoyo suficiente de los pueblos, puede suceder lo que a India y Pakistán dividida por los ingleses en 1947 sobre una mesa, un mapa y una regla que trazó los límites de castas y religiones. Actualmente las relaciones entre esos dos países siguen traumáticas.

Nadie está en contra de Noruega, ni contra cualquiera que ofrezca sus buenos oficios, y tampoco está en entredicho su diplomacia, su organización y talante democrático, pero depende para qué y dónde; los colombianos no han podido poner fin a su asunto con las directrices planteadas en envases congelados. No se puede obviar que Noruega le dio un Nobel de la Paz a Santos, de manera prematura pero negociada. Y tampoco se puede ignorar que a la ciencia, frialdad, orden mental, diplomacia y pragmatismo de los nórdicos les falta emoción, pasión e idiosincrasia tropical para comprender nuestro sentimientos con relación a nuestro drama. Allá no mueren niños a diario por falta de todo, allá no matan estudiantes, allá las protestas son civilizadas, allá la gente come cuando le dan ganas, allá no falta el agua ni la electricidad, allá, allá, allá. Que se pongan en nuestro zapatos antes de aspirar a entender lo que medio entendemos en el continente americano.

Por mucho que hayan leído, documentado y analizado, allá no pueden imaginar la realidad que nos circunda y atormenta. Sociología diferente. Si somos sinceros, debemos reconocer que a nosotros nos impacta y en muchas ocasiones nos parece inaudito, imposible, increíble lo que ha pasado y está pasando en nuestra querida Venezuela, por cuenta de desalmados extranjeros y nacionales.

Mucho estudio, cultura y tradición pero escaso contacto con nuestras realidades que les son totalmente ajenas y desconocidas. Mediante conversaciones y viajecitos es difícil hacerse una idea real y palpable de lo que sucede allende los mares y en un continente que en nada se asemeja al tuyo. Países europeos colonizadores no lograron identificarse con la mente de las sociedades de sus colonias ni siquiera después de muchos años de permanencia. Y por allá tienen todo claro en una semana escuchando posturas irreconciliables como agua y aceite. ¿A quién le van a creer y por qué? ¿A los rusos, cubanos y toda la izquierda europea interesada en los negocios y en el comunismo o a los norteamericanos y latinoamericanos que velamos por territorios limpios y libres de ideologías perniciosas? ¿O es que simplemente van a proteger a la narcoguerrilla, como en la mediación anterior?

Harold Wilson, primer ministro británico dijo: El socialismo será una cruzada o no será. Y ya sabemos la devastación y abuso de las cruzadas políticas y religiosas que hubo hasta 1588.