A Merced de lo que Deciden Otros – Egildo Luján Nava

Cada venezolano pudiera tener hoy en su mente su escenario y convicción acerca de cómo concluirá lo que está sucediendo en el orden político, social, económico, cultural y moral en su país.

Algunos amantes de la ludopatía, inclusive, no desvinculan sus análisis y deducciones de curiosas apuestas, muchas de las cuales las asocian a las fechas de nacimiento de ciertos dirigentes de la política, sin importar qué cargo ostentan. 0 cuáles aspiran, por aquello de que en el país, basta con la aparición de alguna propuesta de “soluciones electorales”, para que emerjan múltiples aspirantes a una “posición de mando”.

También porque la invariable y casi eterna disposición criolla de “sacrificarse por el país”, siempre va a ser mejor y va a sonar con mayor fuerza, si el jefe va a ser “mi pana”, o el “pana de mi hermano”,

Lo cierto es que frases más, frases menos alrededor de la compleja situación nacional, ya calificada como una de las peores en la historia política de los países durante los dos últimos siglos, y la más grave en el devenir económico de dichas naciones, plantea una realidad que no deja de llamar la atención.

Desde luego, en la composición de la infinita cantidad y variedad de apreciaciones, deducciones, juicios de valor, señalamientos, acusaciones, precisiones, además de afirmaciones en las que se fundamentan los teóricos que dan como un hecho lo que creen que sucederá, existe una devoción particularmente curiosa alrededor de los factores que hacen posibles las creencias. Y se trata de la nunca sudorosa participación de las redes sociales; de esa especie de tubería por las que se desplazan los componentes que más influyen en las apuestas, pero que menos pueden describir la sustentación de cada uno de sus mensajes en aciertos, verdades y confirmaciones.

Al final del camino de lo que está ¿en juego?, y mientras ya se entra en la parte final del primer semestre del 2019, a la par de lo que va y viene entre los hijos del país que se resisten a migrar, a “diasporarse”, porque consideran que el gran reto no es necesariamente válido si se trata de rendirle culto a la transición, sino de superar la sobrevivencia, una vez más, suena la campana de lo impredecible.

Lo impredecible es saber si en Noruega habrá resultados menos peculiares de lo que se dio en conversaciones con representantes del Vaticano, se desarrolló en Dominicana. 0 si, por el contrario, una vez más, se hace necesaria la participación de otros que, sin guardar relación alguna con el siempre no bien ponderado José Luis Rodríguez Zapatero, garanticen algún resultado honroso.

No necesariamente con una de esas ostentosas tesis que funcionaron como medicina de última generación para los amantes de las guerras del Siglo XX. Pero sí con aquellas realidades que, aun luciendo ser víctimas de los secuestros en los que se han convertido las campañas que se difunden por las redes sociales, hacen posible que los venezolanos ansiosos y esperanzados con salir del gran Guaire en el que se ha convertido el presente del país, puedan atribuirse un reconocimiento algún día, por haber hecho posible “el gran milagro”.

Dicho “milagro”, desde luego, ya lo descartan aquellos uruguayos con responsabilidades de mando a quienes, curiosamente, les huele mal -incluso a traidor- su hermano y camarada Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Luis Almagro. Ellos consideran que a los venezolanos se les hace imposible entenderse, y, desde luego, más fácil y cómodo moverse entre la violencia y el odio.

Sin embargo, hay que insistir, perseverar, a pesar de que, internamente, no son pocos los que añoran ejercer poder a partir del desentendimiento y sólo del acercamiento con el goce del dominio de tal poder. Salir a la conquista de una posibilidad que, sin ser “milagro”, tampoco comulgue con la tesis uruguaya. Y que el esfuerzo pueda traducirse en una respuesta inteligente, de sentimiento país, capaz de hacer posible la especie de que “todo se arreglará y se convertirá en modelo histórico de recuperación mundial, a partir de un cambio de gobierno”.

De un cambio de gobierno no comprometido con la concepción cortoplacista que han impuesto las campañas en las redes, y los utópicos, mientras se procura promover y hacer política desde la visión de la extinción. Inclusive, aun cuando la historia de los países que estuvieron en guerra está repleta de experiencias, porque las decisiones las dejaron en manos de los suyos, y éstos asintieron que las mejores soluciones entre los miembros de las familias, son las que no se escriben con sangre de hermanos.