La política en Venezuela, entre la desinformación, las noticias falsas y la propaganda negra – Jesús Alexis González

La desinformación, también denominada manipulación informativa o manipulación mediática, ha sido definida como la “creación” deliberada de información que se sabe es falsa.

Al tiempo de hacer referencia a una ausencia de información verdadera bajo la intención soterrada de engañar y falsificar la realidad al extremo de propiciar una confusión mental en aras de procurar en los sujetos el desconocimiento o ignorancia (falta de saber y/o conocimiento o experiencia), al divulgar supuestos aspectos desfavorables de quien se desea desinformar.

La desinformación ha existido por siglos, siendo que p.ej. el Gran Incendio de Roma (julio de 64) dícese fue ordenado por Nerón con el propósito de luego acusar a los cristianos como los causantes e iniciar una feroz persecución contra ellos; y a la vista de la actualidad la Internet (desde 1969 se configuró como un conjunto descentralizado de redes de comunicación interconectadas como una red lógica de alcance mundial) y posteriormente las denominadas redes sociales (estructura compuesta por un conjunto de usuarios relacionados en torno a un criterio) ha potencializado su fuerza al tiempo de conferir “plena libertad” para la “producción de noticias” que se difunden y expanden a velocidad y proporciones extraordinarias.

A tal respecto, vale citar que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) incrementó a nivel mundial, durante el lapso 2000-2017, en un 976% el número de personas con acceso a Internet; al extremo que a principios del año 2019 existían en Internet unas 1.3 miles de millones de páginas web donde navegaban unos 3.7 miles de millones de usuarios a efectos de interactuar e intercambiar diariamente información, al tiempo que cerca de un 60% de la población adulta elegía  las redes sociales  como su fuente de información primaria; mientras que en Venezuela (año 2018) existían 19,31 millones de usuarios en Internet (60% de la población total), 14 millones de usuarios de redes sociales, de los cuales el 71,4% (10 millones) se conectaban a través de dispositivos móviles (fundamentalmente teléfonos).

En fin, tanto Internet como las TIC facilitan en la modernidad de la era digital la dispersión de información (tanto verdadera como falsa) para su utilización con fines político-partidistas.

El escenario descrito, muy especialmente en lo referente a la potencialización de la desinformación a través de las TIC, adquiere mayor nivel de sensibilidad ante la ausencia de recursos digitales que faciliten su juicio crítico (proceso orientado a analizar, entender y evaluar la manera como se organizan los conocimientos), muy particularmente aquellas opiniones o afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas a la luz de un supuesto poder de la razón que implícitamente “acepta” la presencia de una realidad objetiva, que hace desaparecer la humildad necesaria como para reconocer, en frondosas oportunidades,  no saber lo suficiente de un tema y de abstenerse de opinar hasta no conocer lo suficiente del asunto hasta estar en condiciones de desarrollar un pensamiento “crítico” vinculado con el saber pensar, saber razonar, observar, analizar y evaluar en aras de intentar diferenciar lo cierto de lo falso más allá de solo formular críticas por la crítica misma descontextualizadas, en muchos casos,  de la dimensión humana hasta inducir insultos y ataques personales. Los regímenes dictatoriales, como en el caso venezolano, hacen uso intensivo de la desinformación como medio de control social a la luz de una reforma del pensamiento apoyándose en la fuerza, en la amenaza, en el abuso de la posición propia, en conjunto con una sistemática satanización (alteración de los hechos con el fin de presentar a personas o instituciones como malas y nocivas) como una estrategia de miedo para colocar al pueblo en situación de receptividad pasiva en pro de admitir más fácilmente cualquier forma de adoctrinamiento.

Las noticias falsas, por su parte, hacen referencia a una falsedad articulada de forma deliberada (falta de verdad o autenticidad) para que sea percibida como verdad, siendo equivalente a una mentira vinculada con una declaración que oculta o tergiversa la realidad de manera parcial o absoluta; siendo también conocidas como engaños masivos por medios electrónicos especialmente Internet. El Diccionario Cambridge, define las noticias falsas (o falseadas) como “Historias falsas que parecen ser noticias, difundidas en Internet o usando otros medios; generalmente creadas para influir en las opiniones políticas”; mientras que el Diccionario Collins las define como “información falsa, a menudo sensacional, diseminada bajo la apariencia de informes de noticias”; y la Universidad de Columbia señala que “se trata de un contenido que muchas veces está sacado de contexto, y se asemeja a un engaño intencional”. Bellingcat (red de investigación en línea), identifica cuatro motivos que impulsan a los creadores de noticias falsas, bajo la denominación de las “Cuatro P”: Pasión, Política, Propaganda y Pago.

La propaganda negra, es un tipo de información que se muestra como proveniente de un ente ajeno a un conflicto, pero que, en realidad, proviene de la parte contraria; y usualmente está asociada con una guerra psicológica o guerra política, y más recientemente aromatizado como una guerra no convencional a la luz de “ganar las mentes y los corazones”; en función de difamar o tergiversar la naturaleza real del conflicto o del “enemigo” sin que la colectividad esté consciente que están siendo seducidos, es decir persuadidos a modificar su opinión o hacerles adoptar un determinado comportamiento o actitud, sustentado en la buena voluntad del receptor. Vale acotar, que el éxito de la propaganda negra se debe muy esencialmente a que es diseñada y orientada para influir sobre aquella parte de la estructura social que se considera como más sofisticada, mejor informada y capaz; de forma tal que ese tipo de receptor, ante su supuesta reputación o fama, se convierte no solo en repetidor y amplificador cualificado de la mentira, sino también en generador de una corriente de opinión que termina satisfaciendo los intereses del ¡propagandista negro!

Reflexión final: En aras de cumplir las tres etapas (cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres), bajo el envolvente e inteligente liderazgo del Presidente (E) Juan Guaidó para retornar a la democracia (y nuestros familiares y amigos al país), debemos aprender a distinguir sobre la desinformación, las noticias falsas y la propaganda negra con el firme propósito de superar la posverdad que describe la distorsión deliberada de una realidad; con el agravante que ciertas personas e instituciones actúan a la sombra de proyectos “ocultos”.