“La verdadera riqueza de un país” Por Antonio Ledezma

Esta espantosa crisis padecida no será estéril, dejará para la posteridad una inocultable lección para todos los venezolanos: aprender que no sé es rico porque se posean pozos petroleros y yacimientos de oro. No, definitivamente no.

La auténtica riqueza, la que no se agotará jamás como los hidrocarburos y los diamantes, es la educación que impartamos a los niños y jóvenes del país, desarrollando talento humano capaz de generar caudales a base de trabajo creador.

En los planes futuristas hay que prever la reconquista de la senda del crecimiento económico y forjar un desarrollo humano basado en conocimientos y en valores morales que nos permitan contar con ciudadanos ejemplares, siempre dispuestos a cumplir con sus deberes y también a defender con pundonor sus derechos como ciudadanos de una nación libre y soberana.

Me imagino a Venezuela sembrada de escuelas técnicas por los cuatro costados, donde se perfilen a los jóvenes que harán posible la recuperación y reactivación de nuestro parque industrial, moviendo las palancas de la industria metal mecánica, levantando de sus cenizas las refinerías para que vuelvan a procesar el crudo criollo y evidenciando que contaremos con legiones de emprendedores exitosos para que perdure el bienestar que vamos a sembrar y a cosechar en abundancia.

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Veo con optimismo la posibilidad cierta de que nuestros centros de excelencias, como la Universidad de los Andes desarrollen polos farmacéuticos para producir medicamentos genéricos. Me imagino a los científicos, estudiantes y empresarios agrícolas consolidar alianzas para que en las facultades de veterinaria y agronomía de nuestras casas de estudios de primer nivel, se instalen centros productores de semillas certificadas, fungicidas, pesticidas y emporios generadores de fertilizantes que hagan posible contar con un potencial agrícola y pecuario que retomen las experiencias positivas de las razas Carora y Limonero en el reino animal.

La prioridad de un proyecto de Estado de cara al futuro debe ser la educación, luego la educación y siempre la educación. Aspiro que los educadores sean los servidores públicos más reconocidos, valorados y merecedores de un estatus social y económico como requisito a garantizar que la gran estrategia del desarrollo, en todos los órdenes, será la educación con calidad. Esa es la lección que nos ofrece la Alemania después de la segunda guerra mundial, no fue “un milagro”, fue un esfuerzo humano terrenal lo que la sacó de las ruinas, al igual que el prodigio de Singapur que pasó de ser un territorio desahuciado a un portento de desarrollo económico envidiable, al día de hoy. Venezuela tiene como ser un gran país, por sus recursos humanos y materiales, por la formidable historia que nos inspira, por el compromiso moral que tenemos con nuestros mártires, ésos que se inmolaron dejándonos la tarea de hacer posible la realización de sus sueños. No los defraudemos”.

Con información de Prensa Ledezma