La moneda se hunde y Venezuela cae en una caótica dolarización

La moneda venezolana es fugaz, el bolívar se derrite por el incesante incremento de los precios y cobra fuerza un proceso de facto donde el dólar de Estados Unidos se impone en las transacciones cotidianas. Así lo reseña infobae.com

Por Víctor Salmerón

El emblema del capitalismo avanza rápidamente en el comercio del Socialismo del Siglo XXI. De acuerdo con un estudio de la firma Ecoanalítica elaborado durante las dos últimas semanas de abril, en las siete ciudades de mayor población los venezolanos utilizan dólares para pagar el 93% de las veces que compran equipos electrónicos, celulares y computadoras; el 84% de las veces que adquieren electrodomésticos y el 72% de las veces que compran repuestos de vehículos.

Fuera del comercio también se expande la moneda estadounidense. Alfredo Martínez es odontólogo y al igual que la mayoría de sus colegas fijó el costo de las consultas y los tratamientos en dólares: “Por una limpieza cobro 35 dólares o su equivalente al tipo de cambio del día; si cobrara en bolívares tendría que ajustar el precio a diario. Además, el alquiler del local y todos los materiales que utilizo para trabajar tengo que pagarlos en dólares”.

El dólar se convierte en la referencia para establecer tarifas y realizar pagos gracias a que la hiperinflación destruye a la moneda venezolana: las estadísticas del Banco Central registran que entre abril de 2018 y abril de este año los precios aumentaron 283.000% y el billete de mayor denominación, el de 50.000 bolívares, precariamente alcanza para comprar un kilo de carne.

Economistas coinciden en que la hiperinflación obedece a un gobierno en bancarrota que recurre a la creación de dinero para pagar salarios, pensiones y cubrir gastos de todo tipo. En países sumergidos en la hiperinflación, como Zimbabue, la dolarización sirvió de antídoto porque el dólar sustituyó a la moneda propia y el gobierno perdió la facultad de emitir dinero; pero este no es el caso de Venezuela.

Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, afirma que “la hiperinflación continúa porque el gobierno sigue emitiendo dinero para financiarse; estamos en el peor de los mundos: la hiperinflación permanece, aunque cada vez se transa más en dólares porque hay una dolarización informal, no adoptada por las autoridades”.

Dólar

Puerta a puerta

Mientras el precio de los productos elaborados en el país aumenta velozmente por la masiva creación de dinero que desequilibra la oferta y la demanda o los crecientes problemas para producir por las fallas de energía eléctrica y la escasez de materia prima, el dólar se encarece a un ritmo más lento porque el Banco Central tomó medidas para recortar el crédito y disminuir el financiamiento para la compra de divisas.

La consecuencia de este desequilibrio es que los productos importados son más baratos que los producidos en Venezuela, algo que ha dado pie al negocio puerta a puerta: las familias con ahorros o ingresos en dólares compran a través de internet en Estados Unidos y empresas como Next Day Cargo les envían la carga hasta su casa por vía aérea o marítima.

El incentivo es claro. Mientras que un kilo de jabón en polvo cuesta 2,9 dólares en Walmart el precio en Venezuela equivale a 5,9 dólares; en el caso de una lata de atún de 140 gramos la brecha es de 0,9 dólares a 1,5 dólares y en una lata de tomates de 2,70 a 10 dólares.

“Yo compro todos los artículos de cuidado personal como desodorante, afeitadoras y comida enlatada. Aunque tienes que pagar un recargo que, dependiendo del tamaño de la caja que te envían puede estar entre 20 y 60 dólares, la diferencia de precios es tan grande que es muy rentable“, dice Verónica Gutiérrez, una oftalmóloga que vive con su esposo y dos hijos.

Otra modalidad es el negocio de los bodegones donde la clientela paga en dólares por productos importados como chocolates, cereales, frutos secos, quesos, embutidos y pastillas para el dolor de cabeza.

Un factor que encarece los precios es la corrupción en los puertos venezolanos. El dueño de un bodegón en el este de Caracas, que prefiere ocultar su identidad, cuenta que “para poder sacar la carga del puerto pago siete mil dólares por container a funcionarios del puerto; ese es un costo que necesariamente tienes que trasladar al precio en dólares al que vendes la mercancía”.

El impacto de las coimas y el margen de ganancia se traduce en que una caja de Corn Flakes, cereal que no se produce en Venezuela desde que la multinacional Kellogg’s cerró sus operaciones en mayo de 2018, cueste en los bodegones del este de Caracas el doble o el triple que en Estados Unidos.

También se siente

El desajuste donde todo aumenta de precios a un ritmo meteórico, salvo el dólar, ha hecho que aun quienes disponen de ingresos en divisas sientan el impacto de la crisis económica porque continuamente requieren más dólares para pagar el colegio de los hijos o adquirir los alimentos que no pueden comprar a través de un puerta a puerta.

“Todos los meses tengo que gastar una mayor cantidad de mis ahorros en dólares para cubrir los gastos de la familia, no hay escapatoria a esta crisis”, dice Verónica Gutiérrez.

El impacto es significativo. Luis Vicente León, director de la consultora Datanálisis, precisa que según las estimaciones más recientes “hoy un dólar solo compra 37% de lo que adquiría en enero de 2018”; y Asdrúbal Oliveros explica: “Nuestros cálculos señalan que en los últimos doce meses el costo de la vida en dólares se incrementó 700% porque el tipo de cambio está contenido”.

La desigualdad

De acuerdo con un estudio de Datanálisis, elaborado entre el 11 y el 18 de mayo, entre 35% y 40% de la población dispone de dólares gracias a remuneraciones, ahorros o el dinero que les envían familiares en el exterior; pero dentro del grupo existen distintos estratos: una pequeña capa en torno a 10% de la población que consume a placer y adquiere productos de lujo, una franja que se asemeja a la clase media y familias que emplean las divisas para gastos cotidianos.

Los venezolanos que no disponen de dólares sobreviven a la hiperinflación gracias a los subsidios del gobierno que reparte bonos y cajas de comida a precios regulados o están completamente marginados, hundidos en la pobreza, y se ven forzados a emigrar.

La dolarización está exacerbando la desigualdad. Solo las familias que disponen de divisas son capaces de comprar un automóvil porque la industria automotriz está paralizada y los vehículos nuevos mayoritariamente son importados; la venta de inmuebles se realiza en dólares y prácticamente han desaparecido las pólizas de seguros para gastos médicos en moneda local.

En un entorno donde la hiperinflación dispara el costo en bolívares de los tratamientos médicos, las compañías de seguros han reducido al mínimo las pólizas de salud y la única opción para estar protegido es adquirir las pólizas en dólares que promocionan empresas como Best Doctors o Bupa.

“Estamos ante una desigualdad social extremadamente pronunciada, un segmento de la población que tiene dólares y puede adquirir una cantidad de productos y una gran mayoría que no puede consumir”, dice Asdrúbal Oliveros.