Venezuela, un punto caliente con el potencial para convertirse en un «cisne negro»

Un cisne negro es una metáfora para una teoría que busca describir sucesos inesperados de gran magnitud y consecuencia y su papel dominante en la historia.

Tales sucesos, considerados atípicos y extremos, colectivamente han tenido un efecto mucho mayor que los sucesos regulares. Hace poco, tuve la tarea de revisar puntos calientes globales con implicaciones para Estados Unidos. Durante la revisión, y para mi sorpresa, un país que continuaba apareciendo como un potencial cisne negro en la lista era Venezuela. Aunque el consenso general es que una intervención estadounidense es poco probable, la información disponible evidenciaba que cualquier intervención, grande o pequeña, tendría consecuencias significativas para la región y el hemisferio.

La crisis de Venezuela —un desastre histórico para la que una vez fue una de las naciones más ricas de América Latina— podría ser el epílogo del experimento socialista iniciado por el presidente Hugo Chávez. Chávez, un antiguo oficial militar que intentó dar un golpe de estado en 1992, fue elegido presidente de Venezuela en 1998 bajo una plataforma populista que denunciaba a las élites del país por la corrupción generalizada. Él prometió que usaría la vasta riqueza petrolera de Venezuela para reducir la pobreza y la desigualdad. Durante su presidencia, que duró hasta su muerte en 2013, Chávez expropió millones de acres de tierra y nacionalizó cientos de negocios privados y activos extranjeros, incluyendo proyectos petroleros administrados por ExxonMobil y ConocoPhillips.

Chávez usó la vasta riqueza petrolera de la nación para sacar a millones de la pobreza temporalmente, pero lo hizo mediante un sistema de amiguismo y corrupción que ha debilitado al país por una generación. Como resultado, Venezuela ha estado al borde de una gran catástrofe nacional y política desde su muerte. La economía ha bajado más de un 30 % desde el colapso de los precios del petróleo en 2014, el Gobierno ha incumplido los pagos de su deuda externa, los controles de precio y cambio han destruido el sector productivo, la industria petrolera está colapsando y el poder adquisitivo de los venezolanos ha sido destrozado por completo debido a la hiperinflación rampante.

La falta de alimentos, medicinas y empleos instigó protestas masivas en las calles y un éxodo de ciudadanos a países vecinos. Estadísticas de las Naciones Unidas de abril de 2018 documentan la salida de más de 600 000 venezolanos a Colombia, 119 000 a Chile, 39 000 a Ecuador y 35 000 a Brasil.

La Institución Brookings concluyó que hasta cuatro millones de venezolanos —cerca del 10 % de la población— han abandonado el país como resultado de la crisis económica. Dado que la situación no parecía mejorar a principios de 2018, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados emitió una nota de orientación sobre el flujo de venezolanos.


Un grupo de especialistas y diplomáticos incluso han opinado que el país colapsará a la larga y el resultado será un golpe de estado militar o una acción militar encabezada por miembros de la región para estabilizar el país y la región. El profesor de economía Ricardo Hausmann, de la Universidad de Harvard, recientemente publicó un artículo en el que hacía un llamado a una intervención por parte Estados Unidos y otros países como la única manera de acabar con la crisis humanitaria de Venezuela.

Si cualquiera de los escenarios mencionados llegara a materializarse, la pregunta que este artículo intenta responder en el fondo es: ¿Están las fuerza militares estadounidenses listas para operar en Venezuela? Y si no lo están, ¿qué deberían hacer para preparse?

El cisne negro venezolano


Caracas está bajo una presión económica cada vez mayor a medida que la hiperinflación acelera. Estados Unidos y sus aliados continúan imponiendo sanciones que prohíben el préstamo de dinero al Gobierno de Venezuela o a PDVSA, la compañía petrolera estatal, y denunciando al presidente Nicolás Maduro y a sus altos funcionarios.

Como los ingresos petroleros han disminuido, los problemas económicos no mejoran. Por ello, Venezuela aparentemente ha estado considerando una incursión militar en Guyana. Un reporte no confirmado del periódico brasileño O Antagonista afirmaba que los servicios de inteligencia de Brasil sabían que Venezuela estaba considerando una incursión militar en Guyana para reclamar territorio rico en petróleo.

Aunque podría argumentarse que Venezuela no está lista en lo absoluto para llevar a cabo tal incursión, la masiva franja del territorio de Guyana conocida como la región del Esequibo ha sido objeto de controversia desde 2015 y, en teoría, podría servirle a la Administración venezolana de distracción, que tanto necesita, para sus problemas domésticos.

Frente a una revuelta interna de ciudadanos pobres y oprimidos, Maduro emitió un decreto presidencial en junio de 2015 en el que reclamaba la soberanía de las 65 000 millas cuadradas del Esequibo, lo cual representa la mayoría del territorio de Guyana

Esta área también incluye una amplia franja de océano en donde el gigante energético ExxonMobil, bajo contrato con las autoridades guyaneses, anunció el descubrimiento de depósitos petroleros enormes en el lecho marino a unas 120 millas (193 kilómetros) de la costa de Guyana en septiembre de 201614. En el decreto, Maduro trazó una zona de «defensa» en alta mar que, si llega a establecerse, supuestamente bloquearía el acceso de Guyana al océano Atlántico.


Sin embargo, los beneficios podrían pesar más que los riesgos si la situación se torna más desalentadora en Venezuela. Stratfor, una organización de análisis geopolítico del sector privado, cree que una incursión en Guyana podría serle útil a Venezuela en un diálogo con Estados Unidos porque podría intercambiar tierra ocupada por la eliminación de sanciones16. Venezuela también podría usar la incursión de Guyana para impulsar el nacionalismo entre los venezolanos, desviar la atención fuera de sus fronteras y ganar tiempo para contener los disturbios domésticos antes de que aumenten.

Presión para la acción militar


La participación de una fuerza militar extranjera como solución para «salvar» a Venezuela ha sido tema de discusión desde que Chávez tomó el poder en 1999. Los llamados a una intervención militar también han sido impulsados por las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien en agosto de 2017 afirmó que Estados Unidos estaba considerando una opción militar en Venezuela. A pesar de la declaración de la Casa Blanca, muchos países de la región —Brasil, Colombia, Perú, Chile, México y Ecuador— rechazan con vehemencia el uso del poder militar.

Sin embargo, el éxodo de Venezolanos a países vecinos ha creado una situación humanitaria que puede haber suavizado esta línea dura contra la intervención en la región.

En un cruce fronterizo al sur de Colombia, el número de venezolanos que viajaba o migraba hacia Ecuador aumentó de 32 000 en 2016 a 231 000 en 201719. Un informe de la Organización Internacional para las Migraciones indicó que más de 629 000 venezolanos vivían en nueve ciudades principales sudamericanas en 2017, en comparación con apenas 85 000 en 2015; Colombia ha recibido la mayoría de ellos. Durante la segunda mitad del 2017, el número de venezolanos viviendo en Colombia se disparó un 62 % y en 2018, alrededor de 50 000 ya habían llegado.

El escenario militar es marcadamente diferente de la operación Just Cause en Panamá


Si Venezuela se convierte en un cisne negro y lleva a cabo una acción militar contra Guyana, Estados Unidos tendrá varias opciones para presionar a Venezuela y es posible que implemente sanciones económicas más severas. Lo más probable a la larga es que Estados Unidos opte por una acción militar. Sin embargo, esta opción es rechazada por muchos porque un conflicto con las fuerzas armadas de Venezuela sería difícil de sostener debido a las crisis de política exterior que Estados Unidos afronta en el resto del mundo.

Aunque la situación de Venezuela en 2018 y la operación Just Cause (OJC) de 1989 son comparables, ambos escenarios también difieren considerablemente. Estados Unidos lanzó la OJC en diciembre de 1989 por cuatro razones:

Para salvaguardar las vidas de los ciudadanos estadounidenses en Panamá. El presidente estadounidense en aquel momento, George H. W. Bush, afirmó que el general Manuel Noriega, el gobernante de facto de Panamá desde 1983 a 1989, había amenazado las vidas de los aproximadamente 35 000 ciudadanos estadounidenses que vivían allí. Hubo numerosos enfrentamientos entre fuerzas panameñas y estadounidenses: un infante de marina estadounidense fue muerto y varios incidentes de acoso contra ciudadanos estadounidenses habían tenido lugar.


Para defender la democracia y los derechos humanos en Panamá. Después de que Guillermo Endara fuera elegido presidente de Panamá al derrotar al candidato preferido de Noriega, los partidarios de Noriega atacaron el desfile de autos en el que desplazaba Endara y le dieron una paliza. En respuesta, Noriega declaró las elecciones inválidas, tomó el control de Panamá y estableció una dictadura. El pueblo panameño reaccionó a esta usurpación de autoridad presidencial reclamando la dimisión de Noriega.


Para combatir el tráfico de drogas. Panamá se había convertido en un centro de blanqueo para el dinero procedente de la droga y en un punto de tránsito para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y Europa.


Para proteger la integridad de los tratados Torrijos-Carter. Miembros del Congreso y del establecimiento político estadounidense alegaron que Noriega había amenazado la neutralidad del Canal de Panamá y que Estados Unidos tenía el derecho de intervenir militarmente para protegerlo bajo los tratados.


La invasión estadounidense resultó en la remoción de Noriega y la instalación en su lugar del presidente electo Endara; la Fuerza de Defensa Panameña también fue disuelta.

Aunque hay semejanzas superficiales entre las dos situaciones, también hay diferencias marcadas. Por ejemplo, la Panamá de Noriega solo tenía 15 000 tropas, de las cuales solo 3500 eran soldados.

Estados Unidos tenía bases militares bien establecidas en toda la capital y empleó una fuerza de más de 26 000 efectivos durante la operación. Panamá tenía una población de menos de tres millones en aquel entonces y un presidente elegido legítimamente listo para asumir las riendas de poder después de que Noriega fuera removido.


Por el contrario, Venezuela tiene 115 000 tropas, además de tanques y aviones de combate. También tiene una población de treinta millones de persona, de las cuales el 20 % todavía apoya al Gobierno de Maduro. Estos partidarios tienen una ideología —socialismo antimperialista— que sirve para unificar sus esfuerzos en respuestas coordinadas ante desafios de seguridad y explica la resiliencia de Maduro frente a presiones externas30. Los líderes venezolanos también se han estado preparando para una guerra asimétrica por más de una década. También es poco probable que los países de la región participen en un esfuerzo para derrocar a Maduro; Brasil por lo menos ya ha indicado esto.

Las fuerzas estadounidenses no están familiarizadas con la geografía, la doctrina y las capacidades del Ejército venezolano, excepto el Comando Sur de Estados Unidos, al cual probablemente se le asignaría esta misión. Si las fuerzas estadounidenses lanzan una operación en las áreas más urbanizadas de Caracas, o algunas de sus áreas periféricas, además de tener que lidiar con las fuerzas convencionales de Venezuela, probablemente enfrentarán una resistencia armada y tenaz de fuerzas irregulares y múltiples formas de oposición de simpatizantes de Maduro y de su ideología política, incluyendo levantamientos armados como también resistencia popular pasiva.

Por último, desplazar una cantidad significativa de fuerzas estadounidenses o de coalición (si podemos garantizar la ayuda de otros países) sin fuerzas o logística preposicionadas también tendrá un efecto significativo en la logística, la sincronización y la ejecución de las operaciones.

Preparación para este ambiente


Además de haber madurado considerablemente desde la OJC, las fuerzas estadounidenses también cuentan con experiencias en Bosnia, Iraq, Bangladés y Haití, lugares en los que pasaron por desafíos operacionales que probablemente surgirán en un conflicto con Venezuela. Las fuerzas armadas estadounidenses pueden (y deberían) extraer lecciones prácticas de estas experiencias puesto que su desempeño casi seguro mejorará durante cualquier operación en o contra Venezuela. A continuación presento algunas lecciones aprendidas que pueden ser de ayuda:

Operaciones de coalición/conjuntas.

Esfuerzos para emplear y coordinar operaciones de la coalición o conjuntas tienen que tener en consideración las necesidades específicas de cada rama de las fuerzas armadas. Aunque fuerzas multinacionales pueden proporcionar capacidades extras para operaciones de repliegue, de despliegue y de entrada forzada, siempre requerirán una atención cuidadosa para poder integrarlas. Como mínimo, cualquier operación que optimice las fuerzas multinacionales y conjuntas requerirá una consideración minuciosa de la interoperabilidad de los equipos, los ensayos y los equipos de enlace para facilitar la integración. También se necesita prestar atención al uso apropiado de fuerzas de operaciones especiales para garantizar que están siendo empleadas adecuadamente y no están siendo sobrecargadas.

Equipo.

La naturaleza híbrida del ambiente en Venezuela (urbano, de jungla, marítimo) casi seguro será un desafío para la fuerza expedicionaria encargada de las operaciones militares. Aunque se han alcanzado grandes avances tecnológicos desde la OJC, estas mejoras tecnológicas no han sido aplicadas por las fuerzas estadounidenses en ambientes urbanos y de jungla característicos de Venezuela o Guyana. Además, el intercambio de esta tecnología en un ambiente de fuerzas multinacionales probablemente será un desafío para la interoperabilidad y la manera en la que las fuerzas estadounidenses comparten información con fuerzas extranjeras.

Guerra urbana. En un artículo publicado por el Instituto de Guerra Moderna en diciembre de 2017, el mayor John Spencer declara:

En el Ejército estadounidense no hay unidades de guerra urbana—ni una sola unidad diseñada, organizada o equipada específicamente para los desafíos que las ciudades presentan. No hay centros de investigación dedicados específicamente al estudio de las operaciones militares en ciudades. No hay escuelas o sitios de entrenamiento en donde las unidades del Ejército puedan entrenar y experimentar los desafíos de operar en lugares como Mosul, Alepo o Raqa, en donde fuerzas estadounidenses e iraquíes han participado en combates de alta intensidad.

La observación de Spencer sobre el entrenamiento de guerra urbana del Ejército estadounidense es válida y también es una advertencia. Cualquier incursión en Venezuela requerirá conocimientos profundos de guerra urbana y orientaciones específicas sobre el uso mínimo de fuerza, fuego indirecto y bombardeo aéreo. La preservación de infraestructura y servicios públicos será clave para las operaciones de estabilidad subsiguientes.

Operaciones de estabilidad.

A pesar de los desafíos señalados, es probable que las fuerzas estadounidenses prevalezcan rápidamente en un conflicto militar con Venezuela. No obstante, las fuerzas militares necesitarán contar con un plan de operaciones de estabilidad preliminar e integral para estabilizar el área operacional y construir la fundación que permitan a la nación anfitriona recuperar el control civil y regresar a la normalidad.

Las tareas deben realizarse teniendo en cuenta que el objetivo es presevar el delicado balance entre el éxito a largo plazo y los logros de corto plazo35. Para las fuerzas terrestres, esto puede significar planificar y ejecutar operaciones en un ambiente de ambigüedad política. Es posible que las políticas de estabilización y reconstrucción gubernamental, las cuales generalmente toman bastante tiempo para implementarse, frustren los planes militares, los cuales tienen que ser flexibles para adaptarse a la dinámica letal de las operaciones de combate36. Por ello, coordinar los esfuerzos de planificación de todas las agencias y organizaciones involucradas en la operación de estabilidad es esencial para una paz duradera y un regreso relativamente rápido a la normalidad, como se consiguió en la OJC.

Enfoque interagencial.

En el tipo de ambiente descrito en este artículo, las fuerzas militares no deben operar independientemente, sino como parte de un esfuerzo interagencial, conjunto y a menudo multinacional mayor. Los líderes militares son responsables de planificar, integrar y ejecutar sus operaciones dentro de este contexto en donde la integración a menudo involucra esfuerzos para ejercitar, informar e influenciar actividades con socios multinacionales, interagenciales y conjuntos, como también esfuerzos para adaptar las capacidades y los planes militares a objetivos mayores que frecuentemente están alineados con objetivos nacionales y estratégicos.

Al expandir su entendimiento de potenciales ambientes operacionales a través de una educación amplia, entrenamiento, estudio personal y colaboración con socios interagenciales, los líderes militares serán capaces de ejecutar operaciones que prepararán el terreno para la recuperación rápida de los ambientes de combate38. Las agencias civiles y federales no solo deben estar involucradas desde temprano en el proceso de planificación, sino que también deben desarrollar las capacidades y procedimientos que permitan ofrecer contribuciones oportunas y constructivas antes, durante y después de operaciones cinéticas. Una integración eficaz requerirá un entendimiento y propósito compartidos mediante la colaboración con todos los elementos de las fuerzas amigas.

Conclusión


Los cisnes negros juegan papeles dominantes e importantes en la historia. Aunque una confrontación militar con Venezuela es considerado en general como un suceso extremadamente atípico y extremo en el espectro de conflictos regionales potenciales para Estados Unidos, tal operación tendría un impacto desproporcionadamente considerable en la naturaleza de la influencia regional de Estados Unidos en el hemisferio. En este contexto, la pregunta de si las fuerzas armadas de Estados Unidos están preparadas para un cisne negro adquiere relevancia particular. Cómo Estados Unidos y sus potenciales socios de coalición ejecuten una operación de esta naturaleza mientras lidian con la sensibilidad y el caos resultante resonará por años.

Un conflicto caracterizado por el combate urbano, una presencia civil compleja y demandas humanitarias requerirá una ejecución, entrenamiento y planificación cuidadosos. Si bien Estados Unidos podría vencer fácilmente a las fuerzas de combate venezolanas más pequeñas, las tácticas, técnicas y procedimientos que las unidades estadounidenses emplearon en otros ambientes y escenarios de combate tal vez no funcionen en Venezuela y prolonguen innecesariamente las operaciones de combate y de estabilización.

Si no se realiza una planificación meticulosa, una intervención en Venezuela podría convertirse en una campaña de insurgencia que podría prolongarse por décadas. Por lo tanto, el entrenamiento, la doctrina y el equipo tendrían que ser adaptados al ambiente desafiante descrito en este artículo. Afortunadamente, las experiencias de las fuerzas militares estadounidenses desde la operación Just Cause pueden proporcionar lecciones valiosas para esta y otras operaciones de contingencia y escenarios militares complejos que los ayudarán a tener éxito.

Fuente: Army University Press