Archivos por Etiqueta: Boxeo

Vergonzoso “Coliseo” a puño limpio entre Tiburones y Leones, calienta el Béisbol

Igualito que en las cárceles venezolanas, donde se enfrentan los reos, todos contra todos, por la vida, los  peloteros de los Leones del Caracas y de los Tiburones de La Guaira se fueron a los golpes este miércoles por la noche en el derbi de la capital escenificado en el estadio de la UCV. Leer Más

Yoel Finol se quedó con la medalla de oro en los Juegos Sudamericanos

El boxeador Yoel Finol conquistó medalla de oro al vencer en la final de la categoría de los 56 kilogramos al argentino Carlos Alanis, este miércoles durante los XI Juegos Sudamericanos de Cochabamba en Bolivia.

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Yoel Finol es el abanderado para los Suramericanos de Cochabamba 2018

El boxeador venezolano Yoel Finol fue seleccionado para ser el abanderado en los Juegos Suramericanos de Cochabamba 2018, que serán celebrados el próximo el 26 de mayo en Bolivia.

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Mayweather hace historia al imponerse a McGregor

Floyd Mayweather no dejó lugar a sorpresas al imponerse al irlandés Conor McGregor en el llamado “combate del siglo”, celebrado en la noche de ayer en Las Vegas. “Money” ahora cuenta con un récord de 50-0, superior al del mito Rocky Marciano.

La pelea presentó un ritmo vibrante en los primeros asaltos, debido a la demostración de valentía y ganas de McGregor, pero cuando el estadounidense leyó el boxeo del irlandés y apretó, dejó claro que el boxeo no es el fuerte del peleador de artes marciales mixtas, a quien su ego le marcó un reto que su cuerpo no podía aguantar.

Con McGregor notablemente ido, el juez Robert Byrd tuvo que parar el combate en el décimo round y decretar K.O técnico a favor del estadounidense. “Es más bueno de lo que la gente cree“, comentó Mayweather en elogio a su adversario una vez el combate finalizó.

La leyenda se impuso al debutante, la lógica se cumplió. McGregor dio la cara, se llevó el aplauso y el reconocimiento de Las Vegas, pero tenía poco que hacer ante uno de los mejores de la historia.

Francisco “Morochito” Rodríguez: El deporte de las narices chatas – Mario Valdez – Opinión

Francisco “Morochito” Rodríguez: El deporte de las narices chatas

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“Morochito”, campeón por una esquina.

El 26 de octubre de 1968, en horas de la noche se realiza la gran final del boxeo (medalla de Oro) de los Juegos Olímpicos México 68, los contendores son el venezolano Francisco “Morochito” Rodríguez y el sur coreano Young Ju Lee. Los ojos del mundo estaban concentrados en el Arena México, sitio escogido para este magno evento. El coso deportivo estaba a reventar, no cabía un alma más. Los aztecas apostaban al latino.

Suena la campana comienza el combate, los contrincantes hacen gala de su arte, los dos primeros roung fueron muy parejo; “Morochito”, se sentía y se veía más debilitado que su contendor. Repica la campana del tercer asalto, es el roung decisivo y el cumanés está débil (la noche anterior se tomó un litro de jugo, amaneció con un kilo demás y tuvo que rebajarlo la misma mañana del desafió), la esquina se la hace su entrenador Ely Montes “El hacedor de campeones”, quien le grita: “Morochito” tienes que salir a arriesgarlo todo, golpea donde te enseñé, tíralo, tíralo”. Morochito se fue con todo, lanzó muchos golpes y emparejó la pelea, su contendor se la ponía difícil, termina el asalto. Los espectadores están emocionados, ansiosos esperando el resultado de los jueces, termina la angustia y comienza la algarabía cuando el árbitro le levanta la mano al venezolano, anunciando que Morochito Rodríguez, es el nuevo campeón olímpico México 68. Desde nuestros hogares escuchábamos las voces de Delio Amado León y Carlitos González, quien dijo: “Señores ganó Morocho, un muchacho humilde vendedor de pescado en las calles cumanesas, se alzó con la primera medalla de oro para Venezuela”.Mario 2016

Del Barrio “plaza Bolívar”  a la celebridad

El 20 de septiembre de 1945, en una casita del barrio “plaza Bolívar”, ubicado entre la calle Mariño y la avenida Arístides Rojas de  Cumaná Estado Sucre, vino al mundo Francisco Antonio Rodríguez Brito, conocido célebremente como “Morochito”. Sus padres, doña Olga Margarita Rodríguez de Brito y su padre Francisco Brito (los abandonó recién nacido, el Morocho, a pesar de estar reconocido, nunca ha usado el apellido de su padre). Es el segundo de catorce hermanos, todos se criaron juntos, muy unidos, se levantaron sin recursos económicos, rayando en la pobreza extrema. Francisco tiene una hermana gemela Alida, por eso en la familia le decían Morocho, hoy es el célebre “Morochito” Rodríguez.

“Morochito” no tuvo la infancia de otros niños, no supo lo que era ir a la escuela, jugar en un parque o con carritos; ya que desde muy chico tuvo que salir con su abuela a vender pescado fresco por las calles de Cumana, para contribuir con el sustento familiar y ayudar a sus hermanos menores. Aprendió a leer y escribir en la adolescencia. María Rodríguez “La sirena de Cumaná”, folklorista sucrense fue su tía consentida.

“Morochito” Rodríguez, formó su hogar, se casó con Carmen Sabina Blondell, con quien tuvo seis hijos, uno de sus hijos Carlos, también fue campeón de boxeo. Ganó medalla de oro en los juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá 1967; medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia 1971. Por muchos años mantuvo su reinado en el boxeo nacional. Por razones personales nunca dio el salto al boxeo profesional.

El campeón colgó los guantes

Morochito decide abandonar el rudo deporte de las narices chatas con un average de combates nada despreciable, como lo son 266 peleas ganadas en 270 presentaciones. Se retiró pero siguió haciendo lo que le gusta enseñar a los muchachos y durante más de 30 años, se desempeñó como entrenador de boxeo en su pueblo natal. Ha recibido todas las condecoraciones, inclusive instituciones llevan su nombre.

Sin duda, una de los momentos más importante en la vida de Francisco “Morochito” Rodríguez, fue cuando “abrazó el estandarte tricolor, con estrellas, lloró con orgullo al escuchar el Gloria al Bravo Pueblo..”. Esa histórica noche donde el deporte venezolano, salió airoso, triunfante, lleno de gloria.

Fundación Glorias Deportivas de Venezuela

Morochito Rodríguez es el ídolo deportivo de la Fundación Glorias Deportivas de Venezuela,  que hace obras sociales y ayuda a los atletas, que después de ser campeones, tanto amateur como en el profesional quedan abandonados, alcohólicos algunos, convertidos en unos desechos por la sociedad que un día los aclamó. En la fundación tienen alojamiento, comida y recreación los deportistas. Allí vive una de las glorias deportivas más grande del país, Luis “Lumumba” Estaba, 5 veces campeón mundial, 15 veces defendió la corona mundial de boxeo. Fue Sparring de Morochito Rodríguez. Esa fundación nace como una iniciativa del ex legislador Manuel Ruiz, y la preside el ex boxeador Jesús “Chuo” Duque.

 El deporte y el cuerpo sano te alejan de las drogas

El boxeo es una disciplina que requiere mucho sacrificio, fuerza de voluntad y ganas de salir adelante, el caso de Morochito Rodríguez, es digno de resaltarlo y valorar lo que tuvo que hacer para ajustarse y mantenerse como un atleta digno de ejemplo.

Morochito ha dicho: “Cuando uno gana una medalla de los Juegos Olímpicos, que son los juegos más importante en el mundo y te ponen una bandera, es un orgullo muy grande”, “Llamo a los jóvenes a que estudien y hagan el deporte que ellos quieran, para que tengan mente y cuerpo sano alejados de las drogas, y traigan más medallas de oro para el país”.

@marioevaldez

marioevaldez@gmail.com

El día que Muhammad Alí se convirtió en leyenda – Vídeo –

La mejor pelea de todos los tiempos,  todo el resumen hay que verlo pero a partir del minuto 06.00 George Foreman, no aguanta más al boxeador que “vuela como una mariposa y pica como una abeja” Muhammad Alí, la leyenda, el más grande boxeador de todos los tiempos….. 

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El nocaut de Mohamed Alí a George Foreman en 1974 en Kinshasa, durante el llamado “combate del siglo” o “Rumble in the jungle” (“pelea en la jungla”), forjó el mito del más célebre boxeador de la historia, fallecido el viernes a los 74 años.

30 de octubre de 1974, Zaire. Son más de las cuatro de la madrugada, para que la televisión estadounidense pueda difundir en directo el combate: a los dos minutos y 58 segundos del octavo round, Ali manda al suelo a su compatriota Foreman.

“The greatest” (“El más grande”), como él mismo se llama, recupera el título de campeón del mundo de los pesados, del que había sido despojado en 1967 por haber rehusado ir a la guerra de Vietnam. Con este triunfo, Alí logra además la victoria más emblemática de su extraordinaria carrera, y no solamente en términos puramente boxísticos.

Desde el principio de la pelea, Ali sorprende. Contrariamente a su reputación de peso pesado ultramóvil, y a lo mostrado en sus entrenamientos – en especial sus largas carreras a lo largo del río Congo -, empieza encajando golpes, replegado contra las cuerdas para no caer, dejando que su adversario se agote. En efecto, Foreman es más joven (25 años contra 32 de Ali), más fuerte y aún invicto en 40 combates, 37 de ellos ganados por KO.

“¡Ali, boma ye!” (“Ali, mátalo”, en lingala) gritan los 100.000 espectadores, todos seguidores del boxeador que tan bien se ha integrado en el corazón de África durante su preparación estival. Sufre pero no cae, e incluso se burla de su adversario. Luego, en el octavo round, centellea un derechazo que derriba a Foreman, infligiéndole el primer KO de su carrera.

“Mohamed me sorprendió, debo admitirlo”, aseguraría el derrotado. “Fue más inteligente, combatió mejor. Esa noche, fue el mejor en el ring”. De este combate quedarán la estrategia de Ali, elevada a leyenda bajo el nombre de “rope-a-dope” –convertir una aparente posición perdedora en victoria final–, y algunas de sus réplicas inolvidables.

“Vuela como una mariposa, pica como un abeja”, “sus manos pueden golpear lo que sus ojos no pueden ver“, o “Soy tan rápido que cuando apago la luz en mi habitación de hotel, ya estoy en la cama antes de que se haga la oscuridad” fueron algunas de las frases que pronunció durante su preparación.

Un libro de Norman Mailer

El “rumble in the jungle” también inspiró un libro al escritor estadounidense Norman Mailer (“El combate del siglo”, 1975) y un documental que obtuvo un Oscar (“When we were kings”, 1996).

En cambio, el ring que albergó uno de los grandes combates de la historia del boxeo ha desaparecido, “robado hace varios años”, según explicó a la AFP en 2014 el responsable del estadio Tata Raphael (antes llamado estadio del 20 de mayo) donde Ali y Foreman se enfrentaron hace más de 40 años.

Muere Muhammad Ali, La leyenda

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Muhammad Ali falleció este viernes a los 74 años en un Hospital de  Phoenix (Estados Unidos), donde pasó sus últimos días de vida por complicaciones respiratorias. Así lo confirmaron familiares del exdeportista.

“Después de 32 años peleando con la enfermedad de parkinson, Muhammad Ali ha fallecido a la edad de 74 años. El tres veces Campeón de Peso Pesado del boxeo murió esta noche”, contó un vocero de la familia a la cadena NBC News

Nacido en Louisville, Kentucky, el 17 de enero de 1942, con el nombre de Cassius Marcellus Clay Jr., Muhammad Ali, como él mismo se rebautizó en 1964, tras convertirse al Islam, conquistó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960, y fue tres veces campeón del mundo de los pesos pesados. Protagonizó algunos de los combates más memorables del Siglo XX, cuando se batió sobre el ring con Liston, Frazier o Foreman, y revolucionó la sociedad estadounidense de su tiempo tras entrar en contacto con figuras fundamentales en la lucha por los derechos humanos y la igualdad racial, como Martin Luther King o Malcolm X.

Su negativa a participar en la Guerra de Vietnam –que le valió el título de desertor y le costó una suspensión en su carrera-, sus  declaraciones siempre controvertidas, su mediático activismo social y su particular estilo, tanto dentro como fuera del cuadrilátero, convirtieron al púgil en una de las personalidades más admiradas y complejas del pasado siglo.

Provocador e histriónico, virtuoso y elegante, dejó para la historia decenas de frases célebres, de peleas legendarias y de momentos inolvidables. Y también demasiados huérfanos en numerosos ámbitos, por su capacidad de influencia, su particular carisma y su lucha inquebrantable. Su historia, trasladada tantas veces al cine, a la televisión, a la literatura, a la música, al ring y, finalmente, a la calle, forma parte ya del patrimonio cultural contemporáneo. De la historia de todos.

Testimonios: A los hijos del “Inca” Valero, prometieron ayudarlos y les arrebataron todo

hIJOS DEL iNCA

No importa cual fue el final de sus padres. El “Inca” Valero fue una gloria del boxeo venezolano, con sus puños hizo una pequeña fortuna en dólares, que están depositados en cuentas en el exterior, sus hijos merecen un mejor vivir y un mejor futuro. El “Inca” Valero,  el púgil que tenía tatuado el rostro  de Hugo Chávez en su pecho…!

Un partido de fútbol en el televisor los mantiene emocionados. Con sus pequeñas manos le imprimen movimientos y desplazamientos  a los jugadores, mientras cada uno sostiene un control. Se enfrentan y ríen a carcajadas. Están sentados, a las 7:00 de la noche, en el sofá de la sala de una de sus viviendas, ubicada en La Lagunita.

El caserío queda en unas montañas, a casi 11 kilómetros de la población de El Vigía, en el municipio Alberto Adriani del estado Mérida. Es la casa en la que vivían sus padres y es el único bien al que “Rosy” y “Edwin” han tenido acceso en los últimos cinco años.

En ese lugar, sin lujos, pero acobijados por un agradable clima por las bajas temperaturas, transcurren los días de los herederos  del dos veces campeón mundial de boxeo Edwin “El Inca” Valero con   Yennifer Carolina Vieira.

Cinco años han pasado desde aquel abril de 2010 cuando el púgil habría asesinado a su esposa y, posteriormente, se quitara la vida en una celda en el estado Carabobo.  Hasta la fecha, Yennifer Roselin y  Edwin Jr. Valero Vieira,  de 10 y 12 años, respectivamente; no han recibido ni un dólar, ni un bolívar de los que su padre ganó para ellos, golpe a golpe, en el ring.

Frente a la pantalla se resume, ahora, la única diversión que tienen. En sus memorias quedaron los juegos con la nieve californiana en la que se revolcaban junto con  papá y mamá.

Rosy o “Princesa” —como la llaman sus tías— aún conserva, intactos, muchos de esos recuerdos.

“Corríamos y hacíamos muñecos con la nieve, también nos lanzábamos las bolitas entre todos”, contó, en su primera entrevista con la prensa, que concedió a PANORAMA, el pasado miércoles 20 de mayo, luego de  la tragedia familiar que los marcó.

Estar frente a ella es encontrarse con una niña conversadora. Está pendiente de su abuela Eloísa Vivas, a quien  le entregaron la tutela en diciembre de 2014, desde queSoriani Finol, la abuela materna, no pudiera continuar con su manutención.

A las 8:30 de la noche, Rosy bebe chocolate caliente  con un poco de leche. Lo acompaña con un pan tostado que le sirvió una tía. “Le gusta mucho una taza de cacao del que cultiva su bisabuela”, dice Vivas.

“Me enamoré de esa carajita cuando la vi por primera vez. La trajeron pequeñita a Mérida. Tenía unos ojitos achinaditos que me mataron. Nunca me enteré de que mi cuñada estaba embarazada en Los Ángeles, pero cuando llegó me cautivó”, cuenta la tía paterna Zaira Moreno Vivas.

“Rosita”, como llamaba  Carolina (esposa del “Inca”) a su bebita, ya está en quinto grado y estudia en la unidad educativa La Palmita. “Va muy bien en el colegio. Tiene excelentes calificaciones. Le gusta el inglés y hace poco debió abandonar un curso, los fines de semana,  para que se dedicara a la catequesis”, interviene Eloísa.

El miércoles 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, Rosy hizo su primera comunión. “Yo misma le cosí el vestido blanco. Ya terminó las clases de catecismo y ahora va a retomar el inglés”, comenta la abuela.

La hija del boxeador es muy aplicada, pero una vez que termina sus tareas, Eloísa le pide que tome una escoba. “Es la consentida, pero también debo asegurarme de formarla como una mujer. La niña barre y ayuda sin refunfuñar”, expresa la tutora.

La crianza de Edwin Jr.  se ha tornado un poco más complicada. Atraviesa la etapa de la adolescencia. “Siempre ha sido cariñoso, pero ha demostrado algunos cambios de conducta”, refiere la mamá del pugilista.

Su bajo rendimiento académico ha sido muestra del proceso que enfrenta. “Está muy distraído con las asignaciones del liceo. Ya está cursando séptimo grado. Cuando le pido que estudie demuestra  signos de rebeldía. A veces, va a clases por la presión que le doy. Le cuesta”, continúa.

Desde el mismo mueble que comparte con “Rosita”, Edwin también habla de sus padres: “Un día, cuando vivíamos en Estados Unidos, nos mandaron a encerrar a los dos en un cuarto.
Luego de una hora, nos dijeron que saliéramos  y tenían la sala decorada con muchos peluches, juguetes, chocolates de todo tipo y miles de dulces. Nos abrazaron y nos dijeron: ‘¡Sorpresa!’… Pasamos todo un mes comiendo golosinas”.

Ninguno de los hermanitos habla de tristezas. Ninguno habla de muerte, ni de tragedias. Ellos solo reviven momentos de felicidad.

Cuando sus padres murieron, Edwin tenía siete años, pero en los últimos cinco ha tenido más conciencia de quien fue el “Inca” Valero.

No es amante del boxeo, pero conoce la jerga que lo identifica. Habla con suficiente fluidez sobre los combates de su padre. Sabe que Valero derrotó al campeón panameño Vicente “El Loco” Mosquera por nocauts  en el décimo round y que con esa victoria ganó el título mundial categoría superpluma. También habla de la última pelea de su progenitor en Tokio, en  junio de 2008.

La pasión de Edwin Jr., sin embargo, es el fútbol. Su familia, que vive del poco dinero que logra reunir Eloísa y de lo que le colaboran sus tíos, no tiene para inscribirlo en un club en el que pueda cultivar su talento deportivo.

“Practica como aficionado en la cancha del liceo —argumenta la abuela— y por las tardes juega con algunos amiguitos que vienen a visitarlo”.

Dicen que Edwin padre se esmeraba en ganar cada pelea pensando en que era el pan de sus hijos y que no podía dejárselo quitar. Pero, luego de su muerte, la vida misma y las personas encargadas de que a sus hijos no les falte la comida se lo han arrebatado.

“Nunca llegaron las ayudas que el Gobierno nacional ofreció para ellos. Mis nietos han pasado necesidades, no hemos tenido ni con qué vestirlos.

Ni siquiera les dieron la atención psicológica que tanto requirieron. Los dos primeros años de no tener a sus papás, ambos lloraban sin consuelo. Se ahogaban y aunque les preguntábamos si algo les dolía no lo expresaban. Eso me partía el alma”, contó Vivas.

Ni los dólares que el “Inca” Valero dejó en sus cuentas en el exterior, ni las propiedades, ni el Mustang que aún se deteriora en un estacionamiento en  Guatire, ni la maleta que quedó en Valencia con las computadoras y otras cosas de los niños han llegado a sus manos.

“Tuve que pagar hasta las traducciones para nacionalizar a  Rosy. Siguen siendo mis príncipes aunque no tengan fortuna”, expresa la abuela.